Cataluña y España, la historia interminable

Ignacio Pérez Pagador / Óscar Martínez Troncoso

España es un país de países. Al menos así lo demuestran comunidades como Galicia, Euskadi o Cataluña. Esta última en particular lleva ya varios años copando el foco mediático, no sin motivo. El gobierno de Cataluña y el de España han estado manteniendo un intenso pulso político que se ha intensificado, si cabe, en esta última legislatura, con el mandato de Rajoy. Como otras autonomías, Cataluña tiene un idioma propio, el catalán, y no pocas singularidades históricas y culturales que conforman su identidad.

Como consecuencia de la crisis económica vivida en Europa, con especial impacto en España, así como los numerosos casos de corrupción que han azotado a la mayoría de los países del sur, el impulso independentista ha ido creciendo cada vez más y el inmovilismo del gobierno español, amparado en la indivisibilidad de España y la constitución como ley incontestable, no ha hecho sino agravar la situación.

Pero esto no es nuevo; si nos remontamos en la historia podemos observar diferentes episodios en los que las relaciones de Cataluña con “Castilla” nunca han sido del todo cordiales. De este modo recordamos que, hasta 1626 era solo Castilla la que aportaba hombres para el ejército, pero a través de la Unión de Armas (1626) ideada por el valido de Felipe IV, el Conde Duque de Olivares, se pretendía que todos los territorios aportasen hombres e impuestos a las arcas del Estado en proporción a su población y a su riqueza, cosa que no gustó a la sociedad catalana y que desembocó en la Sublevación de Cataluña de 1640, que se constituyó en república independiente bajo la protección de Francia. El conflicto se extendió hasta la firma de la Paz de los Pirineos en 1659.

Lo mismo ocurrió después, cuando Carlos V implantó los Decretos de Nueva Planta sobre los territorios del Reino de Aragón, del que Cataluña formaba parte, en 1707, como castigo al reino por haber apoyado a su rival durante la guerra de sucesión al trono. Desde entonces, la sociedad catalana ha sentido un revanchismo latente que persigue recuperar esos fueros y privilegios fiscales de los que gozaba, y que ha exteriorizado en varias ocasiones a lo largo de la historia.

Por otro lado y volviendo a acontecimientos más recientes, los gobiernos independentistas de Pujol en el pasado, Mas en los últimos años y Puigdemont en la actualidad han sabido canalizar ese malestar del pueblo catalán y llevarlo hasta las últimas consecuencias, llegando incluso a desobedecer al gobierno central con la convocatoria para la consulta del 9N en la que 1,8 millones de personas votaron por la independencia, un 80,76% de los participantes. Y es que los discursos de los líderes independentistas no se han basado únicamente en enarbolar una identidad y una cultura propias sino que han sabido azuzar un desapego por España y pintar a Cataluña como una comunidad discriminada dentro del conjunto de la nación. La inmersión lingüística, la coerción de la libertad de expresión y las desigualdades económicas son las principales consignas y, más concretamente, respecto a esta última, aquel mantra repetido una y otra vez de “Espanya ens roba”, o lo que es lo mismo, “España nos roba”.

No son pocos los autores que han intentado desmontar este mito. Desgraciadamente, el robo en su forma de corrupción política ha afectado no solo a Cataluña sino a todo el conjunto de España. Sin embargo, muchos historiadores sostienen que la historia de Cataluña no se entiende sin la de España y viceversa. En su libro, “Cataluña y España. Historia y Mito”, los historiadores Gabriel Tortella, José Luis García Ruiz, Clara Eugenia Núñez y Gloria Quiroga ponen su pericia al servicio de esta polémica. Estos sostienen que la economía catalana se ha beneficiado de la relación con España en los últimos tres siglos, sin eludir determinadas tiranteces, y lo exponen mediante tres ejemplos:

En primer lugar la reforma fiscal después de 1714 que estableció las bases del crecimiento económico catalán en el siglo XVIII y que suscitó mucha envidia en Castilla, en donde se intentó aplicar sin éxito; en segundo la política comercial proteccionista del siglo XIX que favoreció a un grupo reducido de empresarios catalanes de la industria textil a costa de otros productores y de los consumidores españoles en su conjunto y que, como apuntó el economista catalán Joaquín María Sanromá, hicieron su fortuna a base de “pucheritos”; y por último, la política industrial de los años sesenta del siglo pasado que favoreció a Cataluña con el establecimiento en su territorio de empresas tan importantes como Seat.

Pero acudamos a datos actuales. Cataluña sigue siendo un año más la autonomía con más peso en PIB total del estado con un 18,9 % del total, mientras que Madrid queda en segunda posición con un 18,8%, según los últimos datos difundidos por el Instituto Nacional de Estadística (INE), correspondientes al cierre de 2015. No obstante, como muestran los porcentajes, la diferencia es cada vez más ajustada. La brecha actual entre ambas regiones de una décima queda lejos de los 1,3 puntos porcentuales de distancia del año 2000, cuando la economía catalana representaba el 18,9% del total y la madrileña, el 17,7%. Tal es el acercamiento, que incluso en el año 2012, la capital española logró por primera y única vez situarse en primer lugar. Un año después, las dos autonomías empataron, para volver a dar esa pequeña ventaja a Cataluña desde 2014. (Datos del INE)

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Fuente: Expansión

Sin embargo, si acudimos al ranking PIB per cápita, uno de los principales índices de medición de riqueza, se refleja una cara bastante distinta de la realidad del país. En este caso, Madrid es líder indiscutible. Si se considera como valor 100 la media nacional, Madrid presume de un 136,6%, por encima del 132% previo a la crisis. El segundo lugar corresponde al País Vasco, con 130,8% (en 2007 era 126,6%) y el tercero a Navarra, con un 123,2 %, una décima menos que hace ocho años. Ya en cuarta posición se coloca Cataluña, con un índice del 118,8%, un punto más que antes de la recesión.

Si algo dejan claro los datos es que tanto Cataluña como Madrid suponen el gran motor de la economía española, algo que no debería sorprender demasiado si tenemos en cuenta que son dos de las comunidades que más habitantes concentran y también dos de las más industrializadas, lejos de otras como Extremadura, que es año tras año la comunidad de cola del ranking de PIB per cápita, muy por debajo de las dos que lo lideran, con un 69,4%.

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Fuente: Expansión

Por su parte, si se acude a los datos de recaudación de las distintas administraciones públicas por las cuatro grandes vías (el Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas, el Impuesto al Valor Añadido, el Impuesto de Sociedades y los Impuestos Especiales) se descubre que, en el año 2014, Madrid aportó casi la mitad de los impuestos de toda España frente al 20% de Cataluña. En efecto, según los datos de recaudación líquida de la Agencia Tributaria, Madrid ocuparía el primer lugar en recaudación fiscal por comunidad autónoma con un 48,7%, seguida de Cataluña con un 21, 2% y ya, muy por debajo, las siguientes serían Andalucía con un 6,2% y Galicia con un 3,4%.

De este modo se observa que, en líneas generales, Madrid y Cataluña son los grandes motores económicos del conjunto del país y las dos comunidades autónomas que más aportan a la administración central del estado. ¿Pero qué pasa con las inversiones? ¿Son las comunidades que más aportan las que más reciben o existe algún tipo de discriminación? Según explicó el secretario de Estado de Administraciones Públicas, Antonio Beteta, Cataluña ha sido la comunidad autónoma que más ha visto incrementada su financiación durante este año 2016.

Beteta detalló durante la presentación del proyecto de ley de Presupuestos Generales del Estado 2016, que la financiación destinada a Cataluña se situaría en 17.225 millones de euros, lo que suponía un incremento de 1.862 millones (un 12,12 %) con respecto al ejercicio del año 2015. Asimismo, Beteta destacó que Cataluña era la comunidad autónoma que más beneficio tendría por ahorro de tipos de interés y por mejor evolución del sistema de financiación para el año 2016.

Así pues, el ranking de las comunidades autónomas con mayor financiación durante este año han sido Cataluña (17.225 millones), Andalucía (17.121 millones) y Madrid (12.425 millones), mientras que los mayores incrementos se registran en Cataluña (12,12 %), Comunidad Valenciana (11,79 %) y Andalucía (11,11 %).

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Fuente: El País

Por su parte, las mayores inversiones estatales en 2016 fueron para Andalucía, Galicia y Castilla y León, siendo la cuarta Cataluña muy por encima de Madrid. La distribución, en millones de euros, quedó así:

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Fuente: elaboración propia

Sin embargo, si nos fijamos en las inversiones a lo largo del tiempo observamos que desde el año 2005 al 2014, según  los presupuestos del estado, Cataluña ha sido, junto con Andalucía, la comunidad autónoma más beneficiada por las inversiones del estado. Desde 2007, el Estado ha asignado a Cataluña inversiones por valor de 23.374 millones de euros, prácticamente a la par que Andalucía (24.676), casi el doble que la Comunidad Valenciana (12.483) y un 56 por ciento más que la Comunidad de Madrid (15.027 millones).

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Fuente: ABC

Del mismo modo, según el estudio “las inversiones en infraestructura en España” efectuado por la Convivencia Cívica Catalana, Cataluña es la comunidad que mayor volumen de inversión en infraestructuras ha recibido por parte del Ministerio de Fomento durante el periodo 2006-2015, ya que se han destinado 8.283 millones de euros del total de más de 51.273 millones para todo el Estado, un 17,8% del total.

Así, los datos demuestran que, en efecto, tanto Madrid como Cataluña son las dos comunidades que mueven el conjunto del estado, ellas recaudan la mayor parte de los impuestos y ellas reciben la mayor parte de las inversiones. Los años de menor inversión en Cataluña no se han debido a ningún tipo de discriminación sino que, en los años de crisis económica, las inversiones han descendido en todas las autonomías. En cualquier caso, los datos siempre darán pie a que pueda jugarse con ellos según convenga a las partes para demostrar sus tesis. Para nosotros, el mito queda desmontado: Espanya no ens roba.

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