Pasos hacia el futuro

 ROCÍO COLLANTES | LIDIA CORRAL | ALBA OLIVEROS

Se oyen pequeños pasos. Eran las siete de la tarde y los minutos corrían tan rápido como lo hacía la hija de María Sánchez Esteban. Después de una larga jornada tras el pleno del Ayuntamiento de Valladolid, los concejales de Valladolid Toma La Palabra no faltaron a la asamblea local que mensualmente convoca Izquierda Unida. Un círculo de silla les aguardaba; parecía una reunión de amigos.

“¡Vaya frío!” suspiraban los protagonistas mientras se quitaban los abrigos y las bufandas. Todo estaba listo: las sillas colocadas, las mesas en su sitio, los dispositivos cargados y los bolígrafos de los más clásicos, a punto. Pero no todo era material de oficina; en la sala lo que más destacaba eran los colores rojo, amarillo y morado de la bandera colgada en la pared, así como el azul y verde de unos bloques de construcción por el suelo.

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Asamblea de Izquierda Unida Valladolid. // Fotografía: Alba Oliveros

Con la llegada de Alberto Bustos llegó el segundo punto del día y con él, la tensión. Los jóvenes de Izquierda Unida en Valladolid concretaron en septiembre la visita de Eduardo Garzón, Asesor del Área de Economía y Hacienda del Consistorio madrileño para hablar sobre cómo está salvando el presupuesto y el techo de gasto el Ayuntamiento de Madrid. Pero ¿dónde ubicar la jornada? El debate estaba servido.

Igual es una idea descabellada, pero hacerlo en Arroyo puede llamar a gente joven y podríamos hacer algo en un sitio donde no tenemos representación” comentaba Carmen Duce. Pero otro militante le reprochó que le parecía muy arriesgado hacerlo allí. “Aquí tenemos representación y allí no sabemos si ni siquiera va a ir algún medio de comunicación. Allí no tenemos gente. Me replantearía hacerlo en Valladolid o en algún pueblo con más apoyos como Laguna”.

 

Mientras la concejala de Sostenibilidad y Medio Ambiente preparaba la merienda a su hija, comenzó hablar de las próximas actividades del Consejo de Gobierno: proponer la preparación de una jornada explicativa sobre lo que supone estar en el Gobierno municipal, así como las dificultades, sinsabores y alegrías que allí se viven. “¿Verdad, Manolo?”, comentó mientras Manuel Saravia, concejal de Urbanismo, se alejaba hacia el baño.

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María Sánchez, concejala de Medio Ambiente y Sostenibilidad, y su hija durante la asamblea. // Fotografía: Alba Oliveros

Este paseo no pasó desapercibido para la pequeña militante que, tras poner la oreja en la puerta, gritó desde el otro lado de la sala: “¡Mamá, está haciendo pis!”. La asamblea estalló en una carcajada. En medio del alboroto, a uno de los militantes se le escapó que había estado viendo a María Oltra -vicepresidenta de las Cortes Valencianas- en Intereconomía: “¡Vaya nido de víboras!”. Alberto Bustos con cara de circunstancia e incredulidad le contestó: ¡¿Pero qué cosas ves tú en la televisión?!

El ambiente se volvió a poner serio; se pasó el siguiente punto del día: la necesidad de un representante provincial en la formación y la posibilidad de crear una figura representante de Izquierda Unida dentro de VTLP.

La coordinadora de Izquierda Unida en Valladolid, Rocío Anguita, pidió voluntarios para la representación provincial y se quedó tan sola como la desierta plaza a la que Machado dedicó unos versos en “Soledades, Galerías y Otros Poemas”. Ante esto, María Sánchez sentó las bases de lo que sería el siguiente debate: “Si de lo que se trata es que cada uno vaya de manera individual, que lo piense con la almohada, pero, si queremos ir como grupo, Javier Gutiérrez propuso elegir un representante en el grupo de coordinación”.

Uno de los militantes favorables a esta medida comentó cómo VTLP es un movimiento de personas: “Necesitamos alguien que oficialice esa representación; que haya oportunidad de expresar el pensamiento de IU. Necesitamos cauce para que cuando VTLP quiera saber X pueda haber alguien que lo pueda decir”.

Rocío Anguita, mientras apuntaba los nombres de los interventores en su tablet, cedía el turno de palabra. En esta ocasión, otro militante señaló la importancia de cómo plantear esta nueva figura: “Es muy importante el cómo, qué actitud tiene que tener esa persona. No puede poner los ‘cojones’ encima de la mesa en algo que es muy común”.

En ese momento de distensión, le echaron en cara a la coordinadora que ella no podría hacer eso por su condición de mujer, a lo que ella, entre risas, contestó, sin pesárselo dos veces: ¡No, si tetas tampoco, porque tengo pocas!

Todos los asistentes rieron nuevamente a carcajadas, pero el concejal de Urbanismo, Manuel Saravia, estaba ausente, un mero espectador en la conversación. Su móvil parecía una prolongación de sus extremidades.

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Manuel Saravia, concejal de Urbanismo, atendiendo a su teléfono. // Fotografía: Alba Oliveros

En medio de la conversación entre amigos se oyó un berrido: “¡MAMÁAAAAA!” Todos preocupados lanzaron las miradas hacia la madre de la niña, María Sánchez quien salió escopetada hacia el baño, cruzando la sala y el círculo de sillas que formaban los militantes, y dijo entre risas: “parece urgente”.

Tras la pequeña interrupción, Izquierda Unida, siguiendo la línea de toda la asamblea, iba dando paso a la opinión de cada uno de los asistentes. Anguita retomó sus notas y sin perder el aire cómico en el que se había tornado la asamblea, uno de los militantes comentó que él, al igual que el Partido Socialista, aunque ha mantenido su “no es no”, se apunta a la posibilidad de representación del partido.

Las agujas de los relojes giraban y algunas de las bocas de los asistentes se iban abriendo. Una de las militantes se apresuraba a preguntar por qué no se finalizaba el turno de palabra, si ya era la hora de irse. En medio del revuelo las manos se seguían levantando con nuevas propuestas para las siguientes asambleas: estudiar si siguen apoyando a las plataformas en las que están presentes fue una de ellas, mientras la hija de María Sánchez correteaba de un lado a otro de la sala.

De repente, los pasos dejaron de oírse, la niña se colgó de los brazos de su madre. Se empezaron a cerrar cremalleras, a escuchar despedidas y las luces se apagaron.

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