La universidad como terreno de lucha política

Ramón Alonso y Álvaro Gómez

El Salón de Grados de la Facultad de Derecho acogió el pasado miércoles la charla de ’Som 27 i més’, un grupo de universitarios catalanes a los que piden entre 11 y 14 años de cárcel por encerrarse durante un mes en el Rectorado. Uriol Correa, alumno expulsado de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB), comenzó adaptando el terreno a sus preferencias: un intento fallido de esconder la bandera española seguido de una petición a los fotógrafos para que intentaran que no se le viera junto a ella, lo que hizo reír a los presentes.

En concreto casi 80 personas de todas las edades, pero sobre todo jóvenes interesados por la participación estudiantil en el entorno universitario. El coloquio comenzó con la intervención del otro ponente, Ermengol Gassiot, profesor de arqueología perteneciente a la lista negra de los 27, que definió el suceso como “una caza de brujas de McCarthy”. Los jóvenes y no tan jóvenes escucharon atónitos el discurso, convencidos por Gassiot de que la universidad es un terreno más de lucha política.

“¿Cómo es posible que por la denuncia de un rector nos puedan llevar once años a la cárcel?”. Se lo pregunta el profesor y también los asistentes ante un caso propio de una película hoolywoodiense. Más de una década en prisión por las protestas de un grupo de personas que veían que las victorias democráticas se quedaban en agua de borrajas.

Con una soltura propia de un buen comunicador, Gassiot habló de la subida del 128% del precio de las tasas, del control del Gobierno en las entidades educativas y del establecimiento del famoso 3+2 con el único objetivo de engordar las arcas.

27imes

Los ponentes durante el acto | Elaboración propia

La lucha es, según el profesor, “una ofensiva para limitar el acceso de las clases trabajadoras a la universidad”. Los espectadores dejaron de escuchar para participar en un pequeño sondeo planteado por Gassiot. Que levanten la mano las mujeres cuyas abuelas han sido universitarias. Como en una clase de instituto cuando se pide un voluntario, ni un brazo se alzó. El profesor confirmó así que la lucha en las universidades ha permitido que haya equidad entre hombres y mujeres en las aulas.

Ermengol Gassiot habló de la corrupción menos conocida: la que se da con los masters. Profesores que llegan a cobrar 400 euros por hora de clase o de tutoría frente a otros que apenas son mileuristas. Sobresueldos de 100.000 euros anuales contra el 23% de los profesores que se han ido a la calle. Todo a causa de convertir la educación en negocio. “La universidad no es una caja de dinero sino un servicio social” sentenció.

Por último, el profesor les dijo a los presentes que esperaba no tener que contar su historia en “Soto del Real” a lo que Uriol Correa le respondió en tono de broma: “espero que no haya tanta dispersión.” Con este chiste consiguió sacar las sonrisas de los presentes.

El estudiante comienza su intervención mencionando las veces que ha estado en Valladolid pero “sobre todo en Villalar”. Recuerda que no le saquen fotos con la bandera española y comienza su discurso mucho más ameno que el del profesor universitario. Se enorgullece de la Universidad Autónoma de Barcelona pues, según cuenta, es “una de las más cañeras de la zona”.

Uriol continúa explicando los motivos por los que se atrincheraron casi un mes en el vicerrectorado. Para él, el claustro de la universidad era estamental y el “estudiante no tenía voz”. El 91% no votaron a la vicerrectora que se hizo con el cargo, pues sus votos valen menos que los de los catedráticos. Además, pedían una hora semanal sin clases que sería dedicada para tratar los asuntos estudiantes. Eso fue votado y aprobado, pero en la práctica no se pudo llevar a cabo por la negativa de la vicerrectora. Ante esta situación, Uriol explica que se sentían “legitimados a ocupar hasta el salón de su casa. Pero ocupamos el vicerrectorado”.

Tras la escena de la ocupación, llegó el peor momento para ellos. Fueron denunciados tanto por la vicerrectora como por la universidad como si fueran un entramado criminal, pero para ellos no es más que la persecución de “una militancia política y sindical”. Además, el abogado de la universidad no era otro que Cristóbal Martell, letrado de figuras importantes como Jordi Pujol o Leo Messi.

El fiscal finalmente pidió 320 años para los acusados en penas de entre 11 a 14 años y que pagaran 384.000€ por los sueldos de las personas que no pudieron ir a trabajar durante su ocupación. Tras ver lo desproporcionado de la petición del fiscal, la universidad y la vicerrectora han retiraron la denuncia, pero el juicio sigue adelante.

“Esto cae por su propio peso”, se lamenta Uriol tras explicar lo sucedido. Esperan que el juicio programado para la navidad del próximo año no siga adelante y que finalmente declaren a su favor la universidad y la vicerrectora. Al quitar la denuncia consiguen “lavar su imagen”, pero ellos creen lo correcto sería que declararan a su favor. La única salida que ven es “que no se celebre el juicio o la completa absolución”, pues dicen claramente que lo que les está ocurriendo no es más que “un juicio contra la disidencia política”.

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