La Navidad irrumpe en el Ayuntamiento de Valladolid

Ignacio Pérez Pagador/ Óscar Martínez Troncoso

El frío ha vuelto con noviembre y Valladolid ya parece Valladolid. El ambiente en el interior del salón de plenos, sin embargo, choca con el de fuera. La gente entra con las narices coloradas y la piel pálida pero a los pocos minutos tienen que quitarse los abrigos por el sofocante calor. Aún es temprano y las nubes de tormenta no dejan pasar demasiada luz. El ambiente lúgubre, los asientos cual banquetas de iglesia, las vidrieras de los ventanales y el crucifijo que preside la sala hacen que el acto parezca más una misa que de un debate político.

El pleno comienza unos 15 minutos tarde y el ambiente es de cierto es alboroto, pocas personas están ya sentadas en sus asientos, muy pocos miran sus papeles, todos se mueven e intercambian palabras, quizás sobre las mociones que están a punto de debatirse o puede que sobre la inesperada victoria de Trump esta misma madrugada.

Los grupos políticos van tomando asiento y el pleno comienza al fin, con felicitaciones y condolencias. Tras las formalidades iniciales, se presenta la primera moción por parte de Ciudadanos que busca el fomento del turismo en Valladolid durante la Navidad. El plan se centra, principalmente, en fomentar el turismo de compras y en implantar un mercadillo navideño en la Plaza mayor.

La concejala del grupo municipal Sí Se Puede Valladolid, Gloria Reguero, argumenta que hay cosas más importantes que tratar; el concejal de Valladolid Toma la Palabra, Manuel Saravia, arguye que es interesante pero que no está bastante claro qué se quiere hacer. La socialista Ana Redondo, por su parte, habla de los recortes y de que hay que ser realistas, a lo que Mercedes Cantalapiedra, del Grupo Popular, responde atizando a la gestión del partido socialista para terminar engrandeciendo la gestión del partido propio.

El propio Óscar Puente interviene entonces para pedir a Cantalapiedra que “se aclare” ya que, afirma, según el PP, “si el PSOE mantiene lo que hicieron ustedes, no tenemos criterio, y si lo cambiamos, es que estamos demoliendo todo su trabajo. Percibo que están enfadados porque mantengamos cosas que ustedes empezaron”.

Entre un batiburrillo de declaraciones cruzadas llega a uno de los palcos del salón de plenos un grupo de unos 25 niños, ataviados con uniformes rojos, acompañados por un par de profesores. Rondarán en torno a los 9 o 10 años. Al principio presencian el pleno atentos pero, poco a poco, empiezan a aburrirse y a inquietarse. Los de la primera fila se duermen sobre la baranda, los de la fila del medio juegan unos con otros y los de la tercera y última fila  son los que más mantienen la compostura, seguramente porque están sentados junto a los profesores.

A los 10 minutos los pequeños se levantan y se van, probablemente, pensando en que nunca se hubieran imaginado, tras escuchar a los concejales, que la navidad pudiera ser algo tan aburrido. La propuesta termina aprobándose, aunque con enmiendas en lo relativo a la planificación turística.

Las horas van pasando y se va notando el rostro de cansancio en todos los presentes. Tras casi siete horas, los cinco grupos municipales van logrando sacar adelante, con distinto grado de respaldo, todas las propuestas presentadas, a excepción de un Plan de Empleo elaborada por el Grupo Popular, cuyo presidente, José Antonio Martínez Bermejo, decide retirar tras casi 45 minutos de debate debido a que la propuesta de una enmienda de sustitución por parte de Valladolid Toma la Palabra iba a “descafeinar” la moción.

De las propuestas más significativas aprobadas, la que probablemente se lleve la palma sea la presentada por el PSOE para reclamar a la Junta de Castilla y León que retome de manera inmediata las obras para la reforma del Hospital Clínico Universitario, que deberían haber concluido el año pasado. Ya antes del debate, una representante de la Federación de Asociaciones de Vecinos Antonio Machado, Teresa del Cura, mostró su malestar con las obras, y protesta que el hospital está “igual o peor” que antes de empezarlas. No ha habido discusión, la moción ha sido aprobada por unanimidad.

La cultura también ha tenido su hueco en las más de seis horas de duración del acto y, a instancias del PP, quien acusó, en boca de Pepe Blanco a Redondo  de hacer recaer sobre el pleno la “responsabilidad” de buscar ingresos para el Ayuntamiento con el fin de compensar el incremento de gastos que, asegura, se ha adquirido en iniciativas culturales como el Teatro Calderón, el pleno aprobó reclamar a la Diputación provincial y a la Junta más apoyos para los museos, el Teatro Calderón y la Seminci.

A instancias también del PP, el pleno, con el apoyo de VTLP, Sí Se Puede Valladolid y PSOE,  ha reclamado la derogación de la Ley de Racionalización y Sostenibilidad de la Administración Local, conocida como Ley Montoro, al considerarla “injusta” con la autonomía municipal, pues trata del mismo modo, tal y como ha subrayado el alcalde, Óscar Puente, a un Ayuntamiento con un 40% de endeudamiento que a una Administración regional con “más de un 100%”.

Son más de las tres y el pleno termina. Las nubes de tormenta se han ido y el Consistorio parece lucir con otro color. La intensa jornada política termina como empezó, con los presentes agotados, hasta Cristo en el crucifijo parece cansado. El público comienza a discurrir. Noviembre comienza con nuevas promesas, el sol está en lo alto, el PP parece retirarse del hemiciclo como el grupo parlamentario perdedor, y Valladolid, de nuevo, vuelve a no parecer Valladolid.

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