El recreo de las Cortes

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Luis Tudaca escuha a Juan Vicente Herrera durante su turno de palabra      Fuente: Beatriz Ferrón/Clara Arias

Clara Arias Delgado / Beatriz Ferrón Huerga

Como un aula de parvularios o de primaria las Cortes de Castilla y León se convierten quincenalmente en eso: clase para niños. Algunos ya tienen unas cuantas canas o signos iniciales de alopecia para andar a estos juegos. Pero la cuestión principal es que allí están como en el patio del recreo de cualquier colegio. Todos con sus nuevos juguetes, saludando al amigo o al enemigo -para evitarse una buena pana- , e incluso, invitándose a unas cañas o vete a saber qué. Indiscutible, sobre todo, es que cuando uno se levanta de su asiento no se remueva el gallinero.

Allí solo faltaba el intercambio de cromos o jugar al pilla-pilla entre pasillo y pasillo. A las cinco de la tarde, los primeros alumnos se sentaron en sus correspondientes asientos. Cada uno se sabía su color y su fila. Los del PSOE, el grupo rojo. Los del PP azul. Los de Podemos morado. Ciudadanos naranja. Y los rezagados, al verde, el Grupo Mixto.

Pero como cualquier clase que se precie necesita un delegado que sea el responsable del orden. Y aquí entran a participar los empollones y repeinados de la clase. Este puesto de delegado se disputaba en mayo de 2015.  Tudanca y Herrera peleaban por un puesto privilegiado en la clase. Sin embargo, el ahora portavoz del grupo parlamentario socialista, ha tenido que ver como su principal rival político gobierna en la Comunidad gracias al apoyo de Ciudadanos Castilla y León.

La sesión comenzaba, el pasado ocho de noviembre, en el horario previsto para los adultos. El turno de preguntas, que en algunas ocasiones se eterniza unas dos o tres horas -nada más y nada menos- comenzaba con una del secretario general del PSOE de Castilla y León, Luis Tudanca, que exigió al delegado Herrera una valoración del recién nombrado Gobierno de España. Lo que nunca imaginó es que se contestaría a sí mismo con “Castilla y León no puede esperar un minuto más”. Y, cómo si no tuviese importancia tener -al fin- Gobierno, Herrera recordó, como buen maestro de ceremonias, que “hay sentido en que haya Gobierno”. Además, añadió que necesitan al PSOE porque “hay que defender la Comunidad“.

Esta frase que parece sacada de la trilogía del Señor de los anillos duro en el ambiente poco tiempo. Solo minutos después, el turno de palabra llegó al niño de las largas melenas, el portavoz de Podemos, Pablo Fernández Santos, a las que también hizo referencia Herrera cuando le comparó “con Jesucristo superstar“. Como en un partido de tenis donde la pelota no para quieta en ningún campo; el cruce de pareceres entre los chiquillos culminó  en el séptimo arte, el cine. Pablo, el niño asustadizo de la clase al que le gusta jugar el tenis, llegó a afirmar que la política de recortes “no es ninguna película de terror”. Por eso Herrera puntualizó que el espectáculo de la política al quería hacer alusión Pablo se asemejaba mucho más a la película italiana Cinema Paradiso.

Y no, estaba vez Ennio Morrcione no pareció dirigir la orquesta de la banda sonora de Cinema Paradiso. Herrera, de pie frente al micrófono, sostiene con su mano izquierda la partitura con sus apuntes. Con vehemencia mueve la derecha como de un director de orquesta se tratase. Además, exhausto durante su intervención se sienta acompasado con el botón de su chaqueta, el cual se desabrocha con cierta rabia.

 

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Pleno de las Cortes de Castilla y León el pasado ocho de noviembre  Fuente: Beatriz Ferrón / Clara Arias

Llegaba el turno para el nuevo de la clase. El portavoz de Ciudadanos, Luis Fuentes Rodríguez, se preguntaba cómo el gobierno de Castilla y León tiene pensado fomentar la digitalización de las empresas de la Comunidad. Una cuestión bastante sencilla para los allí presentes. Sobre las mesas, los móviles de la manzana mordida son los grandes protagonistas. También algún díscolo que apuesta por la marca surcoreana.

Algunos aprovecharon la ocasión para mandar algún whatsapp. Otros, como el procurador por Soria Jesús Alonso Romero, revisan los likes en su cuenta de Instagram. Mientras tanto Juan José Blanco Muñiz, con un el logo del PP  por fondo de pantalla, y Alfonso Ángel Centeno comparten imágenes a través del móvil. Eso sí, cuando es el turno de aplaudir cada compañero deja sus manos libres para aplaudir al delegado Herrera.

Tras la lección a Luis Fuentes Rodríguez, la palabra recayó en el procurador de IU-Equo que se encontraba en la última fila hemiciclo, junto a su compañero de pillerías políticas Luis Mariano Santos Reyeros, viceportavoz del Grupo mixto por UPL. Por su parte, el presidente del PP de Castilla y León, contestó mediante el refranero español a José Sarrión Andaluz. “Consejos vendo que para mí no tengo“, afirmó Herrera cuando éste le propuso una serie de medidas para la formación profesional para los desempleados.

Varios minutos más tarde, tras la intervención de Virginia Barcones Sanz y de la consejera de Economía y Hacienda, Pilar de Olmo Moro, llegaba la hora de Juan Luis Cepa quien empleó el lenguaje más coloquial para referirse a las medidas adoptadas por el equipo de Gobierno. “Qué se acabe el postureo“, aseguraba. Al fin llegaba el turno del resto de portavoces y algunos, en sus sillones, comenzaban ya a incomodarse.

Estas serían las últimas palabras que oiría Herrera. El delegado responsable de la clase abandonaba tras 60 minutos su asiento de las Cortes y dejaba a sus compañeros campar a sus anchas por todo el hemiciclo. Algunos comenzaron a hacer alguna travesura de las suyas. De hecho, José Luis Aceves no quiso bajarse de la ola del tema semanal e invitó al consejero de Fomento y Medio Ambiente a que no le “haga la cobracomo David Bisbal.

Una hora había pasado. Con Herrera en el despacho, los jovenzuelos procuradores iniciaron sus jugarretas. Con el turno de palabra dado nadie escuchaba a nadie. Todo el mundo levantado intercambiándose papeles, caramelos y portadas de diarios donde salían cómo protagonistas. Es más, los niños del PSOE del hemiciclo aprovecharon y se fueron de parranda o a tomar el aire porque tardaron más de media hora en volver a la clase. ¡Claro! No era su turno de palabra. Solo resistieron el desorden el rubio de Pablo y su amiguito de UPL, que ni se inmutaron.

Cuatro horas pasaron entre pregunta-pregunta. Tiempo interminable para los visitantes a las Cortes que desistieron de escuchar como el director del centro cuando tiene que leer la cartilla a sus alumnos y ninguno le hace caso. La sesión solo la resistieron los más listillos de la clase porque el resto de los niños salieron con cara de pocas palabras. Mucho menos de regresar al día siguiente de nuevo al recreo de las Cortes.

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