¿Por qué naufraga el barco socialista?

Clara Bort y Sara del Castillo

El 20 de diciembre los ciudadanos acudieron a las urnas en las duodécimas elecciones generales celebradas desde la instauración de la Democracia. Los resultados supusieron para el PSOE el peor resultado de su historia, con 90 escaños. En las anteriores (2011) había obtenido 110. Pedro Sánchez era el capitán de un barco con el que poco menos de un año después dejaría de navegar. El 28 de septiembre dimitían en bloque 17 miembros de la Ejecutiva Federal; dos años y tres meses después de su elección como secretario general, Sánchez dejó su cargo el pasado 2 de octubre.

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Fuente: El País / Elaboración: Clara Bort y Sara del Castillo

EL POR QUÉ DE LA CAÍDA

La caída del grupo rojo tiene sus raíces en la ruptura del bipartidismo. El buque insignia de la izquierda iba siendo considerado como alineado a la derecha en un contexto dominado por la crisis económica que se inició en 2008 —año de elecciones generales ganadas por el PSOE—. Pero también hay que considerar que en Europa está sucediendo lo mismo: el declive de la socialdemocracia.

Estamos ante un problema complejo y profundo al que se han buscado muchas explicaciones. Dejando aparte los factores demográficos y culturales, muy importantes sin duda, hay tres aspectos que conviene destacar y que están muy ligados entre sí. El primero de ellos es la ralentización del crecimiento económico y sus consecuencias, el segundo la llamada globalización y el tercero, aunque a medio plazo el más importante, la revolución tecnológica.

José Luis Leal en El País (10/07/2016)

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Fuente: http://www.europe-politique.eu/elections-europeennes- / Elaboración: Sara del Castillo y Clara Bort

Otro elemento que entra en juego es la credibilidad, y el partido de la rosa —máximo exponente de la protección para los obreros— la iba perdiendo a medida que se veía envuelto en casos de corrupción. Los cambios económicos motivaron que los partidos tuvieran que adaptarse a la nueva situación y empezaron a ser “demonizados”. Por eso la entrada en juego de partidos como Podemos ha tenido tanto éxito, por el espíritu que desprenden.

 La redistribución funcionaba porque el crecimiento económico a partir de la posguerra mundial fue espectacular. Pero la liberalización del capital mina el reparto fiscal que paliaba la desigualdad. Del mismo modo que la revolución industrial engendró el proletariado, cuya expresión política fue el socialismo, la revolución digital ha engendrado el precariado, cuya expresión política es el populismo.

Josep Borrell en El Mundo

Los cambios económicos motivaron que los partidos tuvieran que adaptarse a la nueva situación y empezaron a ser “demonizados”. Por eso la entrada en juego de partidos como Podemos ha tenido tanto éxito, por el espíritu que desprenden. El expresidente Zapatero tuvo mucho que ver en la caída con las políticas que aplicó. El estallido de la burbuja inmobiliaria marcó el inicio de una crisis ante la que el PSOE tuvo que aplicar recortes. Como apunta Fraile:

La estrategia de Zapatero tuvo consecuencias nefastas para el socialismo, para el partido y para todo el país. Puso en marcha la espiral del odio dentro del PSOE, lo vinculó con los movimientos identitarios -en contra de la tradición del pensamiento socialista- y deslegitimó a la derecha como enemigo franquista. Además, desató las expectativas de redistribución de los ciudadanos a través de una política fiscal desbocada y absurda que casi duplicó el nivel de gasto público en pocos años, en un momento en el que una política anticíclica habría recomendado contener la expansión del gasto.

Pedro Fraile, catedrático de Historia Económica en la Carlos III, citado por Jorge Bustos en El País (16/10/16)

Como último apunte, y no por ello menos importante, la ruptura interna que sufren los socialistas. Sánchez, altavoz del ‘No’ a la investidura del Rajoy, fue apartado.

¿CÓMO INFLUYEN EL RESTO DE PARTIDOS EN EL DECLIVE SOCIALISTA?

La ruptura del bipartidismo en España fue el principal factor en desatar la crisis del Partido Socialista. La agrupación pasó de obtener 110 diputados en 2011 a 90 en 2015 y, finalmente, 85 tras la repetición de las elecciones en junio de 2016.

Esta caída se produjo en paralelo a la del Partido Popular: ganó las elecciones de 2011, así como las de 2015 y 2016. Sin embargo, pasó de formar gobierno con una holgada mayoría absoluta (186 diputados) al obtener 123 escaños en 2015. Cabe destacar que la formación azul no agudizó su caída en 2016 al igual que lo hizo el Partido Socialista: venció con mayoría simple de 137 diputados.

Los que eran los principales agentes de la democracia en España, perdieron así 63 escaños –Partido Popular– y 20 –Partido Socialista– de 2011 a 2015. Estos 86 escaños recayeron, en su mayoría, en las dos nuevas formaciones políticas que se presentaron por primera vez a las elecciones en 2015: Podemos y Ciudadanos.

Muchos de los que hasta en 2011 fueron votantes del Partido Socialista, cambiaron en 2015 su papeleta para dar un paso bien hacia la izquierda (Podemos) o bien hacia el centro-derecha (Ciudadanos). Cabe destacar que tanto la formación violeta como la naranja basaron buena parte de su estrategia de comunicación en arremeter contra el bipartidismo y sus máximos exponentes hasta el momento: el Partido Popular y el Partido Socialista.

Así, en las elecciones de 2015, Podemos y Ciudadanos se llevaron un buen pedazo de la tarta electoral: 69 y 20 escaños, respectivamente. Ante la negativa de Rajoy de presentarse a la investidura, el Rey convocó a Pedro Sánchez, que finalmente se decantó por un pacto con Ciudadanos. En el debate se zanjó la posibilidad de hacer efectivo este gobierno, con 219 noes y 131 síes.

La investidura fallida de Pedro Sánchez explica en gran medida por qué en las segundas elecciones en junio los socialistas continuaron su debacle y, por otra parte, el Partido Popular se recuperó. Mientras los primeros perdieron cinco diputados más, los segundos ganaron catorce. En esta ocasión Rajoy sí que movió ficha, presentándose a la investidura con Ciudadanos –y sus 32 escaños–, lo que le aseguraba 170 votos a favor.

Lejos de encontrar la calma en este nuevo escenario político, las turbulencias sacudieron de nuevo el PSOE, ya que de él dependía dejar paso a los populares con su abstención o llevar al España a unas terceras elecciones. La firme oposición que el partido ha plantado a la derecha durante toda la historia de la democracia española, se desmoronó en tan solo unas pocas semanas, con la decisión del grupo de abstenerse y la consiguiente dimisión de Pedro Sánchez –el principal defensor del “no es no” al PP– como Secretario General del Partido Socialista.

UN HORIZONTE OSCURO

En definitiva, la crisis del Partido Socialista está estrechamente ligada a la crisis política vivida en España a lo largo de los últimos años. La ruptura del bipartidismo y el nuevo reparto de escaños hicieron mella en la formación roja, tanto en 2015 como en 2016. Pero fue su incapacidad para formar gobierno tras las primeras elecciones y la difícil posición a la que quedó emplazado tras las segundas, lo que desató el caos.

Todo parece indicar que, en caso de unas terceras elecciones, los socialistas hubieran perdido aún más votos. Sin embargo, la crisis interna que ha provocado la abstención imposibilita que el PSOE lleve a cabo una oposición firme. Solo el tiempo dirá que es lo que ocurre con la formación fundada en 1879 que, por ahora, navega hacia un horizonte oscuro

 

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