La batalla del seno socialista

Alba Familiar / Javier Velasco

El PSOE está viviendo una guerra interna sin precedentes. Una división ambigua dentro de un mismo partido, que enfrenta a dos bandos que desde 1978 habían caminado juntos por el sendero de la democracia. Ahora, esta brecha divide en dos a los socialistas cuya identidad se tambalea día a día. Esta ruptura se ha visto reflejada de una forma clara en la decisión que el Comité Federal tomó el cinco de octubre, al privar de la secretaría general a Pedro Sánchez.

Ahora, el Comité Federal busca recomponer su estructura a través de un debate dividido en ponencias que llevará a cabo la gestora, con Javier Fernández a la cabeza. Los dirigentes del partido han hecho hincapié en la necesidad de elaborar un nuevo proyecto, tan urgente que no pueden esperar 60 días para celebrar un Congreso. Así, el PSOE busca reconciliarse con la sociedad, pero evita tratar uno de los temas que le han llevado a esta situación: no hablar de la renuncia de Sánchez ni a corto ni a medio plazo.

Desde el seno socialista apuestan por que el PSOE vuelva a redefinirse como el partido de las grandes mayorías, buscando esta confianza en los ciudadanos. Así, como afirma Susana Díaz, el partido no debe ser “solo para socialistas con carné, sino para millones de ciudadanos que nos han votado o están deseando votarnos”.

Puede parecer algo nuevo, pero la crisis interna que vive el partido socialista no es reciente. El origen hay que buscarlo en el final del gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, cuando sus políticas de recorte en el año 2010 intentaban evitar la intervención económica de Bruselas en España, pero provocaron el inicio de la decadencia del PSOE. Una bajada paulatina que ha provocado la pérdida de 84 escaños a los socialistas.

El declive en cifras

El partido, liderado ahora por la gestora, ha perdido casi 6 millones de votos entre las elecciones de 2008 y de 2016. El prestigio del gobierno de Zapatero, que comenzó en 2004, gracias a acciones como la retirada de las tropas de Irak y su legislación enfocada a los derechos civiles llevaron a su reelección en 2008. Pero reformar la Constitución junto al PP y llevar a cabo recortes sin precedentes dieron comienzo al ocaso del partido, que marcó un punto de inflexión que ha ido empeorando legislatura tras legislatura.

En el año 2008, el PSOE obtuvo un total de 11.289.335 votos, con los que lograron la presidencia del Gobierno. Las cifras descendieron bruscamente en 2011, con el liderazgo de Rubalcaba, acumulando poco más de siete millones de votos. Esta pérdida se hizo aún más evidente con las elecciones celebradas 20 de diciembre de 2015, con Pedro Sánchez en la secretaría general del partido, sufriendo unos resultados con dos millones menos de votantes. En las últimas elecciones, el partido socialista acumuló un total de 100.000 apoyos menos.

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Autoría: Javier Velasco

Esta pérdida de votos se ha visto reflejada notablemente en el Congreso de los Diputados. De los 169 escaños con los que comenzó la segunda legislatura de José Luis Rodríguez Zapatero, pasaron a los 110 que logró Alfredo Pérez Rubalcaba. Una baja notable, que continuó con Pedro Sánchez a la cabeza del partido, quien obtuvo 90 diputados en las elecciones de 2015, y 85 en 2016. Un total de 84 escaños que han sido ocupados en parte por las nuevas fuerzas políticas surgidas en la izquierda.

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Autoría: Javier Velasco

Pérdida de militantes

Esta falta de apoyo se ha visto reflejada también en la estructura interna del partido, como reflejan los datos. Entre septiembre de 2014 y octubre de 2016, el período de mandato de Pedro Sánchez, los socialistas han sufrido 24.300 bajas en la militancia. Concretamente, el descenso del último trimestre de 2014 reflejó este rechazo al ex líder socialista, con un total de 4.200 afiliados menos.

El 2015 se cerró con un total de 14.600 militantes menos en las filas socialistas. Entre enero y octubre de 2016, 5.500 simpatizantes dejaron de pertenecer al partido. En marzo de 2016 el pacto con Ciudadanos provocó la salida del 20% de esos 5.500 afiliados.

Hacia el fin de la lucha

La batalla del PSOE está ahora en el momento más convulso de los último años. Un giro histórico sin precedentes, que solo es comparable con la situación que se vivió con la retirada del marxismo de los estatutos socialistas con Felipe González en el año 1979 y con la dimisión de Indalecio Prieto en el año 1924, cuando el partido colaboró con la dictadura de Primo de Rivera.

El partido debe ahora fortalecer su unidad, tanto en sus filas como de cara a la sociedad. Para ello, buscan la reconstrucción y un diseño de unas políticas mejores. Después de la tensión vivida con el PSC, quienes mantuvieron el ‘no es no’ de Pedro Sánchez a Rajoy, hay quienes prefieren romper sus relaciones. Ahora, con un nuevo secretario general decidido mediante elecciones primarias, el PSOE tiene la oportunidad de volver a ser un partido referente en la política española. Una tarea que se presenta complicada y debe realizarse de una manera eficaz pero teniendo presente a la ciudadanía.

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