314 días más tarde este cuento se ha acabado

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Imagen de una sucursal bancaria en la ciudad de Valladolid        Fuente: Beatriz Ferron

Clara Arias / Beatriz Ferrón

Tan solo han faltado 51 días para que España cumpliera uno de sus más temidos y peligrosos pronósticos. Un año sin Gobierno, o lo que es lo mismo, un año `en funciones´. En total 314 días en los que los continuos cruces de declaraciones entre los dirigentes políticos, tanto de derechas como de izquierdas, no parecían vislumbrar ningún atisbo de esperanza en el país.

La sombría historia comenzaba el 20 de diciembre de 2015. Unas elecciones esperadas por muchos y receladas por otros. En ellas se pugnaba el fin del bipartidismo conocido desde principios de los años 80 con la alternancia de los partidos predominantes en el Congreso de los Diputados. Pero es que esta vez la cosa cambiaba. La aparición de dos nuevos partidos desbancó, tanto al Partido Popular como al Partido Socialista Obrero Español (PSOE).

Durante la campaña del 20D, los periódicos españoles se apresuraron, a través de sus páginas, a anunciar el fin del bipartidismo. Y para nada fallaron sus cálculos. La llegada de los dos nuevos partidos –Ciudadanos y Podemos– reforzaron sus titulares. Sus mensajes políticos calaron fácilmente en la ciudadanía. De hecho, irrumpieron con tal fuerza en la sociedad que logró un importante lugar en el Parlamento.

Con apenas un año de vida Podemos consiguió 69 diputados. Ciudadanos, con más años de experiencia en el Parlamento catalán, alcanzaba la cifra de 40 diputados. Sin embargo, el PP obtuvo 123 y el PSOE 90. Unas cifras que para estos últimos podrían augurar grandes momentos de inestabilidad.

Ahora sí, los votos ya estaban repartidos. Era el turno de los políticos. Varios apretones de mano que no terminaban en abrazos en el hemiciclo. Unos se dedicaban al intercambio de libros y otros apostaban por copiar un modelo europeo de entendimiento y liderazgo. Aunque la cuestión de fondo es que, en España, existía un Gobierno, eso sí, `en funciones´, que tenía que liderar un país fracturado políticamente.

En esta peripecia para formar un nuevo Gobierno los periódicos no ayudaron. En sus portadas se podía leer “adiós al bipartidismo”. Muchos presagiaban que la clave para el éxito estaba en asegurar unos buenos pactos. Pero ¿quién iba a ser capaz de lograrlos? He aquí el mayor de los dilemas. Además, ya se oía el rumor de las segundas elecciones.

La ronda de consultas del Rey Felipe VI no puso fin a esta situación. Rajoy no aceptó. Y Pedro Sánchez lo intentó aunque no le fue demasiado bien. Ni PP ni Podemos se lo pusieron fácil. En este punto de la jugada, la sociedad se encaró a unas segundas elecciones: el 26 de junio.

Un 26J que no se hizo esperar. Donde las encuestas de opinión dieron por supuesto el sorpasso de Unidos Podemos al PSOE. Que nunca llegó. Con Ciudadanos en declive y el PP en aumento. Así eran las expectativas para todos. Todo hacía prever que nada iba a cambiar. Y que lastima. La situación no mejoró. De nuevo a pactar. Las conversaciones en vez de ser amigas eran enemigas; detonante principal para que el diálogo del cambio acabará de hastiar a la sociedad. Con la previa aprobación de los presupuestos generales antes del 20D las directrices económicas del país tenían una ruta sin desvíos.

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Elaboración: Beatriz Ferrón Huerga /Clara Arias Delgado

¿Unas hipotéticas terceras elecciones?

No. Se demanda hablar porque el 25D (2016) revelaría la falta de democracia representativa que hay fuera y dentro del hemiciclo. Además, de la poca coherencia política de los candidatos a la Moncloa. Todos perderían salvo uno: el PP. Su gente acudiría igual a las urnas mientras el resto asqueados se quedaría tomando el pavo.

Pasaron horas, días y meses. Entre tanto largas conversaciones entre comités negociadores. Y un Gobierno con las manos atadas para tomar decisiones. Los trámites que podía emprender el PP se parecían más a la selección del menú del día de un bar que el de la carta de un restaurante. “El Gobierno cesante continuará en funciones hasta  la toma de posesión del nuevo Gobierno“, artículo 21 de la Ley de Gobierno.

Y así, el “Gobierno cesante” ha continuado en tal tesitura hasta el pasado 29 de octubre. Fecha en la que el PSOE y Ciudadanos facilitaron la investidura de Mariano Rajoy. A lo largo de estos 314 días el ejecutivo no ha podido adoptar medidas trascendentales. Tan solo abordar “asuntos  públicos, absteniéndose de adoptar, salvo casos de urgencia debidamente acreditados o por razones de interés general”, recoge la Ley del Gobierno.

El curso de la economía

La celeridad con la que muchos  economistas afirmaron que la economía española quedaría gravemente  dañada tras los más de 300 días sin Gobierno, no se ha evidenciado tras  el paso de los meses. Según revelan los datos del pasado año, la evolución anual durante el segundo trimestre de 2015 del Producto  Interior Bruto (PIB) en España fue del 3,1%. Mientras que en el mismo periodo  de 2016 ha sido del 3,4%. Una evolución que sí que pronostico el economista Mikel Buesa en una entrevista concedida al elPlural.com donde remarcaba la ausencia de “problemas coyunturales relevantes“.

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Elaboración: Beatriz Ferrón Huerga/Clara Arias Delgado

Las preocupaciones de la ciudadanía también han sufrido modificaciones tras varios meses sin Gobierno. Si en diciembre de 2015 el 14,8 % de la población encuestada mostraba  los partidos políticos y la política como uno de los principales problemas en España; en septiembre de 2016 eran ya el 29,3  % los que indicaban este asunto como uno de sus principales preocupaciones, según el Centro de Investigaciones Sociológicas (CSI).

Sin embargo la incertidumbre sobre la situación económica tan solo ha sufrido variaciones del 1 % en las encuestas del CIS. Y, es que, un día más tarde de la celebración de las primeras elecciones la prima de riesgo española se situaba en los 124 puntos. 304 días más tarde, es decir, el 21 de octubre en 110. La situación, aparentemente, no ha cambiado mucho. Pero durante el transcurso de 2016 se pueden apreciar importantes variaciones. Una de ellas durante el 24 de junio donde llegó hasta los 179 puntos. Justo dos días antes de las segundas elecciones.

Sin una bola del futuro delante, ahora sí que es posible realizar un balance de los 314 días sin Ejecutivo. Una de las cifras más sugerentes se aportaba en el programa ‘El Objetivo’, de La Sexta. En el programa cifraban en más de 400 millones los gastos que se habían acometido desde el 20 de diciembre. Unos gastos que corresponden a los salarios de los integrantes de las dos Cámaras, subvenciones o los gastos de las propias elecciones.

Y, aunque los ciudadanos han tenido que lidiar con casi un año de agonía dialéctica, los grandes debilitados en el desequilibrio político han sido los partidos políticos. Ciudadanos perdió casi 400.000 votos tras las elecciones de junio. Además no logró ni un solo diputado tanto en Galicia como en el País Vasco.

La adhesión de Podemos e Izquierda Unida tampoco salió bien parada. La suma entre ambos partidos ansiaba superar al PSOE, que tuvo también que afrontar una dura remodelación. Entretanto, el PP también menguó el número de diputados obtenidos. Pero, finalmente, llegó indemne a la ansiada Moncloa.

Aunque no sea su equipo favorito, Mariano Rajoy ahora tendría que parafrasear al ex presidente del F.C Barcelona, Laporta, y balbucear en el Congreso: “Al loro, que no estamos tan mal“.

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