Antonio Hernando y la coherencia del puñal

Marcos Menéndez Valle

No sé yo señor Hernando, no sé yo, si para justificar la abstención del PSOE era usted el más indicado. Si en el camino del no es no a la abstención haya perdido algo más que su coherencia política. Y es que a pesar de ser usted “un buen parlamentario” al que aplauden lánguidamente los príncipes caídos desde el escaño del destierro se ha planteado una estrategia comunicativa fallida. No para el PSOE, que de eso se curan de espanto, sino para usted.

Ha sido mal asesorado, y es que a quién se le ocurre depender de las competencias comunicativas de la gestora de Javier Fernández. Ya no por Bruto, ni Casio, ni Décimo; sino por inexpresivo. Por tener, todos ellos, la delicadeza del esparto y la coherencia del puñal.

Javier Fernández y la comunicación política no deberían ir en una frase. Al que en Asturias ya lo daban por desaparecido antes de mudarse al bajo de la calle Ferraz. Al que allí, las malas lenguas, crueles y sarcásticas, lo bautizan como el mudu; que sólo recupera la voz para hablar de Cataluña. Ninguna referencia al caso Marea, a los sobrecostes del Musel o a los millones escondidos, manchados de negro carbón, de su padre político Villa. Eso sí, dale que dale con el “problema catalán”. Aunque se augura que tendrá que dedicar aún más tiempo para hablar de sus colegas del PSC.

“No fue fácil”. Y es que señor Hernando, usted se ha inmolado. 137 años de historia del PSOE y usted se ha encargado, en pleno debate de investidura, de recordar todas y cada una de las ocasiones que el partido ha defraudado a su base electoral. “No fue fácil, pero renunciamos al marxismo”. Coñe, ¡no nos habíamos dado cuenta! “No fue fácil”, pero ¡reconversión! Ole tú, industria por turismo. ¡OTAN! Ay Hernando, de entrada no, no me parece una buena estrategia comunicativa. Y sigue…

Nunca se me ocurriría enumerar mis defectos para seducir. Pero claro, no fue fácil dejar la coherencia a un lado. No fue fácil, no. No sé si “el tiempo os dará la razón”. Pero el tiempo no le ha sentado bien. Los tiempos han sido demasiado cortos: aún le recordamos gritar “no” vehementemente. No es tan fácil olvidar. Y creo que a usted no le ha sido fácil aceptar que para la gestora, mandarines de Díaz y González, está amortizado. Todo sea por la sacra gobernabilidad.

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