Magia y nostalgia

A. Ferrero

Deben los ciudadanos españoles –o residentes en el Estado español– agradecer a Su Señoría, doña Alexandra Fernández, la cortesía de demostrar ayer la posibilidad de presenciar acontecimientos pasados por medios paranormales, facultad defendida por cuantiosas voces pero, al fin, confirmada por la de la diputada de En Marea, quien, con su prosodia galaica, dio fe de las similitudes entre la investidura de su compatriota celeste y el intento golpista de febrero de 1981. 

Está fuera de toda duda, al escuchar el ímpetu del discurso de la buena diputada, que la señalada jornada de la historia ibérica contó con su presencia, si no corpórea, sí espiritual y sin limitarse al mencionado día para extenderse durante todo el periodo transicional. Son desconocidas para la ciudadanía, a la vista del acta de nacimiento de la señora Fernández –fechada en 1988– las razones de tan vívido conocimiento del pasado. Al no poder confirmar las posibilidades de una percepción cognitiva desde los aparatos gonadales de sus progenitores o de una introspección a vidas pasadas, la opción restante y menos mágica señala que su maestría en percibir los pormenores de aquellos años se debe a la recopilación de información a base de click y al deseo encubierto de haber tomado parte entonces.

Se apreció ayer, en las palabras de la olívica parlamentaria, la añoranza luctuosa del pasado, la idealización manriqueña de finales de los setenta y el deseo de trasladar ese tiempo a la actualidad para rehacerlo a su imagen y semejanza ante la imposibilidad material de construirlo en aquel tiempo. Habló la diputada, ingeniosa hidalga galaica, de un Partido Único en el que el azul, el rojo y el naranja se diluyen en una mezcla oscura, y postuló al grupo morado como la alternativa que demanda el país ante la nociva amalgama cromática. No faltaron, en su torrente retórico propio de las Rías Baixas, palabras como élite y Troika para enardecer los ánimos de sus acólitos, ávidos también de lograr la turbulencia social que acabe con el tedio en que desemboca la cotidianidad y deseosos, como ella, de haber vivido en tiempos más polarizados y estancos.

La fijación desmedida en el pasado se ha colado en la política de la mano de quienes, desde la ventaja que da el paso del tiempo, se molestan más en hablar de lo que fue que de lo que será. Haría bien Fernández en buscar la premonición –no su contrario–, dedicando sus esfuerzos al presente y al futuro, y huir de la vacuidad sonora que dan la magia y la nostalgia.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s