Las reválidas, el menor de nuestros problemas

Marta Pascual Ceruelo

El mundo educativo está de celebración desde que Mariano Rajoy anunció ayer en su primer debate de investidura la suspensión de los efectos académicos de las reválidas. El presidente en funciones también dejó caer la necesidad de un pacto de Estado por la Educación. ¡¡Aleluya!! Aunque la victoria sabe un poco amarga cuando llega tarde… Cuando le preceden 4 leyes generales de educación y Dios sabe cuántas reformas más de carácter orgánico.

LOGSE, LOCE, LOE y LOMCE; las cuatro hermanas pequeñas que han ido pisándose los pies durante 30 años de democracia. Eso sí, siempre acompañadas de su responsable hermana mayor, la LODE. Una ley vigente desde hace 23 años que regula el derecho a la educación y que evidencia que la estabilidad educativa es posible. ¿Pero es rentable, señor Rajoy? ¿Están todos los partidos políticos dispuestos a ceder, dialogar y sacrificar parte de sus ideales?

Me cuesta creer que tras todos estos años con la educación para arriba y para abajo como mera herramienta política se valore de verdad su importancia en una sociedad. Porque ya se sabe que en las historias del correveydile el mensajero siempre acaba trasquilado.

Rajoy  ha anunciado un pacto de Estado que llega demasiado tarde, cuando ya nos han toreado tanto que hasta el torero se aburre de clavar banderillas en la tersa piel que nos protege como sociedad: la educación. Lo llaman pacto de Estado pero temo que acabe siendo un nuevo pacto de legislatura, porque eso es lo que duran. Necesitamos un pacto de Estado real, estable. Porque nuestro estado ya no es ni sólido, ni liquido ni gaseoso; está más bien liquidado y gaseado.

Con todo esto dudo que este gran pacto vea la luz. Con lo divertido que sería que la Unión Europea diera premios de consolación a los países que lideran la cola en el ranking de educación…¡nos los llevaríamos todos! España sigue siendo el país de la UE con la mayor tasa de abandono escolar, casi un 20% en 2015 según la encuesta de población activa (EPA). Además, uno de cada cinco alumnos en España deja de formarse tras acabar la ESO. Normal, acaban hasta el culo. “Si somos el futuro, ¿por qué nos dan por culo?” gritaban los estudiantes en la manifestación del 26 de octubre. Un señor mayor contestaba impasible “Para que os acostumbréis“.

Así que dejen de hablar de ese utópico pacto de Estado y háganlo real, aplicable y duradero. Que dure, por Dios. Y pónganse ya manos a la obra porque de momento, y una vez más, se han cargado una generación que, marcada por el descontrol de las reválidas se ha quedado así, inválida.

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