Eutanasia política

Víctor Garrido Medina

La eutanasia es, según la RAE, “la Intervención deliberada para poner fin a la vida de un paciente sin perspectiva de cura”. En torno a ella se libra un intenso debate que enfrenta, como todo en la vida, a la izquierda y a la derecha: los primeros abogan por una muerte digna, los segundos por el derecho a la vida. Y entre tanto revuelo, un anciano vestido con una raída bata roja y flor blanca bordada, enfermo de cáncer y abocado a su final, delibera consigo mismo qué hacer con sus últimos días, semanas, o meses. “Quién sabe cuánto me queda, igual hasta sobrevivo”, se lamenta el moribundo.

Tal es el estado del paciente, prácticamente comatoso, que no tiene ni voz ni voto en la toma de decisiones sobre su futuro. Los médicos y familiares, conservadores en su mayoría, decidieron tras un comité que lo mejor en su caso era evitar una operación. Abstenerse a tratar al anciano y abocarlo a su muerte. El derecho a la vida primó, aun sabiendo que el enfermo languidecería hasta su último suspiro. Mientras tanto, el cáncer, al que los doctores denominaron Rosa, iba extendiéndose de miembro en miembro y limitaba aún más la reacción del hombre.

Ajenos a lo que corre dentro de ese organismo moribundo, una Comisión Ejecutiva parece erigirse como única autoridad salvadora posible. O eso creen ellos. Reunidos en un comité convocado por doctores y familiares se discutió durante días las posibles respuestas a la crisis interna que los afligía. Aunque en realidad, la solución tomada, enredada entre conjeturas, predicciones y debates era mucho más sencilla que todo eso: dejar morir al anciano postrado en su cama, víctima de ese cáncer denominado Rosa.

La decisión de no intervenir en la salud del anciano y abstenerse parece tomada en detrimento de la eutanasia. La deshonra frente a la dignidad. Abocado a un negro final, ¿acaso no es más conveniente conservar algo de honra y no postrarse ante una autoridad o algo ajeno a unos valores? Debemos ser minoría los que optamos por este desenlace no tan vil. Quizá el resto de partidarios ya estén viejos y fatigados para batallar por la causa. Quizá haya que regenerar ciertas bases para no perder ciertos ideales. Quizá el anciano muera solo y olvidado. O quizá no lo haga si continúa luchando a pesar de todo y de todos. Y ojalá ocurra esto último.

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