España no conoce a su desangrado invitado

Por Sharon Morales Maureira

Cuando se está al otro lado del mundo-o a veces simplemente con una frontera de separación- parece más fácil pensar que ciertas cosas no existen, olvidarlas y tirarlas como al polvo bajo la alfombra.  Pero la verdad es que ciertas cosas no pasan desapercibidas, ni bajo la lana más gruesa, porque la sangre siempre se encarga de manchar.

España invitó a Chile este año para mostrarse en SEMINCI. Pero no invitó completamente a todo su pueblo ni a su historia. Quiso dar un espacio para mostrar lo mejor de su cine y lo peor de sus recuerdos, pero no lo logró.  Ni el pueblo español –ni muchos menos los extranjeros-lograron poner debajo de su piel, la experiencia –inexperiencia- de ser arrancado de su tierra, con las muñecas sangrando y el corazón retenido.

Creo que cuando se invita alguien a casa es necesario saber algo de él. O acaso ¿cuando tienes un invitado, y este toca la puerta, le preguntas quién es? No. Sabes de él algunas cosas y quieres saber más. Ayer fue el turno de “El edificio de los chilenos” y la atmósfera de ignorancia fue igual que en todas las que la presidieron.

Los espectadores de este largometraje no sabían nada. Nada de Macarena, nada del exilio ni nada de la soledad. Parecían que cayeron a la Sala 9 del cine Broadway casi por casualidad. Uno que otro reconocía el rostro de Salvador Allende, pero eso no basta para sentarte a escuchar una historia que, después de cuarenta años, sigue sangrando y sigue implorando que se sepa más.

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