El futuro de la izquierda: ¿ahora sí ‘podemos’?

CRISTINA ZAPATERO FLÓREZ

Dicen que a río revuelto, ganancia de pescadores; y que a rey muerto, rey puesto. Eso es exactamente lo que está pasando con la izquierda en España. También dicen que sabe más el diablo por viejo que por diablo, pero en este caso de poco les han servido los años de experiencia a los socialistas.

La guerra de las rosas desencadenada por Pedro Sánchez amenaza con dejar a la izquierda huérfana de un partido histórico. Un partido centenario. Un partido que, no hace tanto tiempo, cosechaba diez millones de votos con el primer Felipe González; pero que ahora mismo ni siquiera es capaz de decidir su postura frente a un nuevo gobierno de Rajoy.

No cabe duda de que esta situación acabará pasando factura al PSOE. Si bien los electores situados al centro del espectro político podrían virar hacia el PP, para los votantes más de izquierdas el cisma interno del socialismo se podría traducir en un repunte de la formación morada.

Históricamente, la izquierda siempre ha estado más dividida que la derecha. Podemos no es una excepción. Los roces entre Pablo Iglesias e Íñigo Errejón son una constante en los medios. No obstante, ambos desmienten una lucha interna y califican estos enfrentamientos de debates muy positivos para el partido. De ser esto cierto, ahora mismo tendrían más unión que los maltrechos socialistas.

El PSOE no ha sabido ser la oposición. Una abstención a tiempo, justificada como una forma de controlar al PP, habría sido una alternativa más viable que su intransigente “No es no”. Con 85 diputados no sería complicado mantener una oposición fuerte, pero es casi imposible llegar al gobierno. También dicen que en casa del herrero, cuchillo de palo, y a los socialistas les ha faltado, precisamente, mano izquierda.

Podemos, sin embargo, sí ha entendido su oportunidad. El descalabro interno de los socialistas y su reticencia a entrar en la oposición han dejado una vacante en la izquierda de la política. Un nicho perfecto para un partido joven que, tras la euforia inicial, no ha acabado de despegar.

Pedro Sánchez no quería dar el gobierno a Rajoy, pero su partido le ha dado la oposición a Podemos. Si este consigue acoger a los votantes más desencantados con el PSOE y dar una imagen de unión, el sorpasso que no llegó a las urnas podría ser real.

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