De príncipes, princesas y otros cuentos

Paula Canal Diez

“Erase una vez, en la lejana ciudad de Vetusta, una gala de premios que congregaba a los mejores especialistas del mundo. Arte, comunicación, ciencia, deporte, cooperación… se daban la mano y paseaban por las calles de una ciudad volcada con los galardonados. Vetusta rebosaba vida. Hasta que sus gobernantes decidieron que sería buena idea reducir la inversión municipal dedicada a la gala”.

Puede parecer un cuento, pero es la realidad que desde hace dos años impera en Oviedo al llegar el mes de octubre. Los Premios Princesa de Asturias son una cita ineludible, de esas que aparecen marcadas en rojo en la agenda de los ovetenses. Sin embargo, desde la llegada del nuevo equipo de gobierno, la controversia sobre su financiación pública ha vuelto a avivarse.

Los concejales de Podemos (bajo su marca Somos) optan por cortar el grifo de la subvención a los premios y los de IU proponen reducir la cuantía paulatinamente hasta terminar eliminándola. Y el alcalde, socialista, en tierra de nadie. Consciente de que su sillón reposa sobre dos patas inestables, habla con la boca pequeña. No es el primer desencuentro que mantiene con sus socios y sabe que el bastón de mando se le puede escurrir entre los dedos.

Pero, ¿por qué recortar, o incluso llegar a eliminar, una subvención en pos de algo positivo para la ciudad? Durante una semana, Oviedo se convierte en un auditorio global en el que los premiados interactúan con los ciudadanos: coloquios, encuentros, clases magistrales, etc. Los ovetenses tienen la oportunidad de enriquecerse con los conocimientos de los mejores en su campo, toda vez que disfrutan del hecho de tenerlos a apenas unos metros.

En esos siete días, y especialmente el viernes de la gala, Oviedo pasa a ser el epicentro de un eco nacional que, a veces, resuena tan lejano. Se engalana, se pone bonita; es consciente de que las cámaras de todo el mundo están pendientes de ella. Y eso gusta incluso a quien no necesita elogio alguno.

Además, desde una perspectiva concretada en dígitos, los Premios Princesa de Asturias dejaron en la ciudad más de seis millones de euros en 2014. Esa cantidad, sumada a la que dejan los turistas, supone un importante impulso para una urbe que ve en el evento una fuente de ingresos con la que el empresario local cuenta desde un principio.

Los Premios Princesa de Asturias son para Oviedo un oasis en su particular desierto de crisis y falta de oportunidades. Si no es por el presente, que sea al menos por la búsqueda de un futuro que no deje atrás su pasado.

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