Aragón, agua y futuro

María Vidal Serrano

El Congreso ha instado al Gobierno a promover un Pacto Nacional del Agua, propuesto por el Partido Popular y Ciudadanos en la Comisión de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente. Por su parte, el Gobierno de Aragón se ha manifestado en contra de una amenaza de trasvase que solo perjudicaría a la comunidad aragonesa.

El Trasvase del Ebro vuelve a escena casi doce años después. Parece que fue ayer cuando en el año 2004 Aznar colocó la primera piedra en Almería, en el extremo sur de la gran tubería que iba a tomar aguas del Ebro para distribuirlas en la Comunidad Valenciana, Murcia y Almería. Pero ese mismo año Zapatero llegó a La Moncloa y el PSOE se apresuró a derogar dicho proyecto, que hasta entonces aparecía incluido en la ley del Plan Hidrológico Nacional.

Desde que en el año 2001 se aprobó el Trasvase del Ebro, la sociedad aragonesa y los grupos políticos de Aragón pusieron en marcha una serie de protestas que llevaron al fin del pacto. Durante los años de gobierno socialista, la comunidad aragonesa ha vivido en paz viendo como sus aguas quedaban lejos de especulaciones. Sin embargo, la llegada de Ciudadanos a la escena política ha reabierto un debate que Aragón no está dispuesto a permitir.

En defensa del proyecto, Albert Rivera ha hecho suyo el eslogan: “Agua para todos”. Sin embargo, la palabra todos parece olvidar una vez más a la comunidad aragonesa. Mientras Aragón sufre sequía en numerosas zonas y se ve obligada a construir embalses que sustentan las aguas del Ebro, las comunidades del sur disfrutan de las aguas del Mediterráneo, que por razones desconocidas se niegan a desalar. Mientras, el Partido Popular y su filial naranja están dispuestos a violar la resolución de la Unión Europea y el Estatuto de Autonomía de Aragón para satisfacer sus propios intereses económicos.

Tras las reacciones de los pasados días queda patente que Aragón usará todas sus armas para luchar contra la injusticia. Las viejas políticas de hormigón no tienen cabida en la ribera del Ebro. Doce años después, Aragón y Cataluña volverán a unir sus fuerzas para que el agua siga llegando al Delta y no a los campos de golf levantinos. El tiempo pasa, pero el futuro de la tierra vuelve a enfrentarse a intereses económicos de grupos políticos, que deberían saber que el agua es de todos pero los ríos son del mar.

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