A vueltas con las reválidas

Isabel Pérez Pérez

El pasado miércoles 26 de octubre miles de estudiantes de toda España salieron a la calle. En esta ocasión el turno era de profesores, padres y alumnos de la ESO que rechazan las reválidas educativas.  Pocas reformas, de las trece educativas que ha contemplado España desde 1980, habían despertado la negativa de tantos estudiantes y profesionales del ámbito, poniendo de acuerdo a educadores sin importar su papel en las urnas. Sin duda todo un logro nacional.

La LOMCE fue formulada y aprobada por José Ignacio Wert, en el 2013, rodeado de constantes quejas desde el momento uno. Los años han pasado, y  la indignación ha vuelto a despertarse haciendo que todas las comunidades autónomas salieran a la calle, grito en boca, para practicar otro ejercicio de la democracia: las manifestaciones. Desde el Ministerio de Educación se contabilizó un seguimiento de los paros entre el 30 y 40% de los alumnos mayores de 14 años, unas cifras nada favorables para el séquito del popular. No se sabe si fueron las cifras de participación las que hicieron que Rajoy y los suyos reaccionaran, pero el jueves 27 el presidente dio marcha atrás. Las reválidas no tendrán efecto académico.

Este hecho deja constancia de dos cosas. La primera es que quizás, y solo quizás, las manifestaciones siguen teniendo impacto en los más altos mandos de poder. La segunda es que las reválidas son el ejemplo de que, más allá de ideologías y colores de partidos, existen propuestas erróneas y descabelladas lo mires por donde lo mires.  Según tres investigadores de la Universidad Autónoma de Madrid, ocho de cada diez profesores están en contra de ellas. No creo que solo ese dos restante sea afín de un partido votado por siete millones de personas.

Rajoy no tumba las reválidas, Rajoy intenta acallar las protestas. Para ello los sindicatos de estudiantes ya han presentado nuevas intenciones de movilizarse. Y es que o todo o nada. Mientras tanto, todos aquellos que creen en el poder de las movilizaciones, siguen celebrando que solo por una vez Rajoy ha cedido a las presiones, aunque solo sea para tener a su favor a todo ese sector que tiraría a la basura la papeleta del PP. Demasiado fácil, demasiado esperado. ¿Y si Mariano se echara atrás así en todas sus propuestas absurdas?

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