Unidos, ¿podemos?

Álvaro Gómez

La unión hace la fuerza. Eso pensaron Pablo Iglesias y Alberto Garzón tras las elecciones del 20 de diciembre, donde sus partidos quedaron a la sombra de las superpotencias de la política española. Si las matemáticas no fallaban, Podemos e Izquierda Unida asaltarían los cielos yendo de la mano en las próximas elecciones. Lo que parecía una estrategia entre amigos se convirtió en una absorción. El nuevo gigante de la izquierda engulló al veterano de 30 años de historia con un simple movimiento, haciéndose así con la supremacía de la ideología en España.

La gran guerra ante Mariano Rajoy iba a ser dura y, enmascarado en un proyecto común, Iglesias eliminó de un plumazo a Izquierda Unida para poner la mirada en el siguiente escalón: el ‘sorpasso’ al PSOE. El objetivo era claro: conseguir identificar toda la izquierda bajo sus siglas. Obtener el poder a toda costa.

En las últimas décadas, el pensamiento progresista permanece en una profunda crisis de identidad. Necesita de valores comunes, pues la pluralidad, aunque buena, imposibilita la lucha contra la derecha. Es necesario el debate, la constatación de unas bases y la aceptación y toleración de todos los grupos pertenecientes a la corriente.

Las intenciones de Podemos, aunque aparentan un deseo de colaborar para derrotar juntos al Partido Popular, esconden un cierto afán por conquistar a la izquierda. Llegaron desde las calles a base de manifestaciones, huelgas y otras armas de la clase obrera. Ahora, utilizan la lucha electoral para llegar al poder. La cuestión es, ¿lo hacen de forma correcta?

Miembros de Izquierda Unida o del Partido Comunista consideran que esa pluralidad es muy rica y necesaria para la izquierda. Por ello la actuación de Pablo Iglesias disgusta a los militantes de estos y otros partidos, pues el líder de Podemos parece considerarse a sí mismo como el cabecilla único y exclusivo de todo el movimiento.

Para derrotar a los conservadores, el grupo morado debe tener claro quién es su enemigo y dejar de buscar batalla ante posibles aliados. Tiene que definir si su objetivo es un país democrático y progresista o un Estado liderado por un gran partido que acabó con todos los que se le asemejaban. En definitiva, elegir si la lucha es contra los conservadores o contra los que le pueden servir de aliado para derrotar a la derecha.

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