Mientras ríen, seguiremos llorando

Alba Familiar

El otoño nunca fue bueno para las rosas, y el rojo y el azul jamás han sido colores complementarios. Los más jóvenes salen a las calles para reivindicar sus derechos, pero el hemiciclo vuelve a convertirse en un espectáculo digno de plató de reality show. “Si quieres grano, Aitor, te dejo mi tractor”, respondía el señor Mariano al portavoz del PNV en el debate de investidura, sacando a relucir su gran capacidad léxica. Parece que 311 días sin gobierno dan para trabajar los pareados.

Suena difícil creer las palabras de Antonio Hernando cuando afirma que el PSOE será el primer partido de la oposición. Permítanme que dude cuando pide a Rajoy que no se lo tome como un triunfo. Tras meses de apoyar un no a la investidura, esta abstención lo único que demuestra es que los pétalos de la rosa se han marchitado, pero que le han crecido las espinas.

Insultos camuflados en murmullos y acusaciones directas conforman un debate en el que se ha podido percibir el tablero de ajedrez que es el Congreso. Protejan al rey y derriben a sus enemigos, da igual los peones que se lleven por delante. Pero esos peones somos quienes pagamos sus insultos, sus bromas y su rivalidad. Porque mientras unos roban por avaricia, otros lo siguen haciendo por necesidad.

Los cómodos sillones del Congreso de los Diputados vuelven a estar ocupados por quienes olvidaron que la política debe estar al servicio del ciudadano. Lejos de conseguir la presidencia lograda por los populares, el resto de grupos parlamentarios ahora luchan por ser líderes de la oposición. Ojalá dejasen su ego a un lado y lo hicieran por los que estamos fuera del hemiciclo. Nos encontramos ante otros cuatro años en los que el trasfondo de la política no cambiará. Pero nosotros tampoco aprendemos.

Los de siempre seguirán igual y los de la rosa han terminado de desangrar su puño. Falta educación y asoman algunas palabras bonitas. Parece que quedan lejos de convertirse en realidad. Mientras tanto, en este otoño marchito, el debate también seguirá en las comidas de domingo de las mesas más austeras: con el telediario de fondo, observaremos el circo y continuaremos divididos en bandos con las mismas discursiones. Y seguirá siendo injusto que, mientras estemos pendientes de sus roces, ellos sigan sin preocuparse de si podremos seguir teniendo comida en el plato.

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