Mamá, adónde vas

Decirle a Rajoy que deje de ser Rajoy es como decirle a papá que deje de fumar en la cama, que llegue pronto de sus salidas nocturnas o que baje la tapa del váter después de hacer sonar la cisterna. Caso omiso. Caso omiso. Caso omiso. Al día siguiente es “buenos días cariñó, qué bien huele el desayuno”.

El portavoz  socialista Antonio Hernando, protagonista de tan vana  proposición, ha actuado en la jornada de investidura como el niño de unos padres recién divorciados, los de una casa que se cae en pedazos, la del PSOE, y se ha mantenido firme y con una propuesta noble. Noble, sí, pero insensata, porque convencer a sus votantes de las buenas intenciones de su partido a estas alturas solo alimenta la confusión.

Decirle a papá que no sea más papá es como decirle a Rajoy que asuma la corrupción y enfrente el desafío independentista, ya que hasta ahora la interlocución con la Generalitat ha dejado mucho que desear. Decirle a papá que deje de ser papá es como decirle a Rajoy que cambie su política hegemónica para apoyarse en otras fuerzas parlamentarias. Si esto de verdad ocurre estaríamos ante el mayor cambio político en muchos años. Y tampoco queda mucho. El lunes Rajoy jurará su cargo ante el Rey después de una Legislatura encharcada por la corrupción.

Viene un tiempo de inseguridad, con los muebles patas arriba y el diálogo como único aval en esta relación de fe casi religiosa entre ambos partidos. Además, si algo se aprende de ver discutir a los mayores es que no se puede cambiar a alguien por la fuerza. Y para cambiar a Rajoy, a sus 61 años, y a la espera de su segunda investidura, son necesarias más que buenas palabras. Encima, el de la paciencia es el gallego, que no se cansa después del desgaste de todo este tiempo.

Todavía falta mamá, porque decirle a mamá que deje de ser mamá es decirle al PSOE que no tropiece una y otra vez con la misma piedra. El socialismo que ha defendido el portavoz socialista significa abstenerse a las mentiras del PP de estos años para apoyar  las que vendrán los siguientes cuatro. No obstante, es una relación suspendida con pinzas. En cualquier matrimonio de este siglo, mamá se iría en busca de una relación más estable, y se llevaría a sus hijos con ella.

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