El mecanismo de autodestrucción socialista

Pablo Lozano

311 días dan para mucho. Casi tanto como para estar sin Gobierno. Casi tanto como para que el partido con más años de historia de la democracia española entre una crisis cuyo fondo sigue sin vislumbrarse. Un pozo en el que la comitiva socialista ha dejado caerse. Si Pablo Iglesias levantase la cabeza… Quién te ha visto y quién te ve.

El ego de Pedro Sánchez ha terminado por explotar y difuminarse en una espiral de conspiraciones dentro de su propio partido, como si de un vestuario roto tras un mal resultado se tratase. Los malos resultados del 20-D escocieron en Ferraz, sí, y significaron la marcha de Sánchez. Adelantando acontecimientos, diez meses antes, pero ya estaba activado el mecanismo de autodestrucción en la izquierda. No había vuelta atrás.

Cada día que pasaba era un suplicio más para el secretario general socialista, una batalla más en una guerra que sabía perdida desde mucho tiempo atrás. Solo tenían que ir sucediéndose los acontecimientos como piezas de dominó. Hasta que la última cayese. Hasta que Pedro Sánchez se rindiese. Y así sucedió un 2 de octubre. Nace el nuevo PSOE. Muere el PSOE. El retrato más claro de la división dentro del partido: los partidarios de la abstención para evitar terceras elecciones versus, futbolísticamente hablando, los del “no es no”.

Y es que, valga la redundancia, 311 días dan para mucho. Dan, por ejemplo, para que un partido con 128 años de historia se enfrente en este intervalo de tiempo a la mayor crisis ideológica de su vida. Mayor incluso que el abandono en su día del marxismo. Mayor incluso que los problemas con la “reconversión industrial” de los 80 con Felipe González al mando. Esto, a su lado, es un mero aperitivo dentro de una carta de un restaurante de lujo. Ahora la cuestión es mucho más complicada: ¿Apoyar a la derecha o ir a unas terceras elecciones, pudiendo perder votos y bloqueando todavía más la situación política?

El giro que están tomando los socialistas hacia el centro –derecha- no ha sentado nada bien a sus homólogos de izquierdas. En el barco a la deriva de los del puño y la rosa, de momento el capitán ya ha caído por la borda. No sabemos si el barco se mantendrá a flote o se hundirá, superado por la otra fuerza que pretende ejercer la función de oposición en esta legislatura. ¿”Sorpasso”? ¿Crisis ideológica? ¿Cambio radical? Veremos…

 

 

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