Calais o cómo Europa fracasa de nuevo

Leonor Nieto

Bienvenidos a la “La Jungle de Calais”. Tiendas de campaña rodeadas de basura, pequeños establecimientos que recuerdan a una cafetería improvisada, colas de cientos de personas que esperan a recibir su ración de alimentos, grafitis que imploran por los derechos humanos. Bienvenidos al que hasta hace unos días era el mayor campo de refugiados de Europa.

Hoy arden los restos de lo que los casi 6.500 inmigrantes que allí vivían, según datos oficiales, han considerado hogar. El Gobierno de Hollande ha decidido poner fin a lo que empezó hace ya 18 meses, fruto de la crisis humanitaria a la que Europa no ha aprendido a reaccionar. Hoy, excavadoras y palas mecánicas se llevaban por delante las chabolas que habían sido el refugio de afganos, eritreos y sirios, entre otros, que huyeron un día de la guerra, la dictadura y la opresión.

Ante los ojos de los antidisturbios han desfilado aquellos que, voluntariamente, han accedido a ser trasladados a los centros de acogida que el Gobierno francés ha dispuesto por todo el país. Otros, rodeados de llamas y escombros, se resistían a ser desalojados. En los alrededores de la jungla, ahora convertida en un paisaje apocalíptico, y según informan las autoridades galas, algunos se esconden y la única preocupación del Gobierno es que se asienten en algún otro lugar.

El objetivo de los habitantes del campamento era alcanzar Reino Unido a través del Eurotúnel, pero mientras malvivían en aquel campamento provisional a las afueras de Calais, crecía en el territorio inglés un sentimiento antimigratorio que llegó a contagiar al ex primer ministro David Cameron y que se ha extendido por toda Europa. De su boca nacieron afirmaciones tan desafortunadas como “los inmigrantes provocan malestar en algunas comunidades” y “tenemos una plaga que llega a través del Mediterráneo en busca de una vida mejor”.

Al alcalde de la ciudad francesa de Béziers, Robert Ménard, le ha faltado tiempo para iniciar una campaña bajo el eslogan “¡Ya están aquí!”, refiriéndose a los refugiados como una invasión. España, aparentemente tan entregada a la causa, ha acogido a menos de 600 personas desde que estalló esta crisis. Ahora, “La Jungla” pesa sobre la espalda de una Europa que adolece de la falta de una política migratoria común y también de humanidad. No se engañen: en el viejo continente, refugees are not welcome.

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