Balada triste de un inmigrante

Beatriz Dávila

Refugiados, solicitantes de asilo, emigrantes económicos e incluso migrantes que en condiciones de vulnerabilidad comparten unas mismas vías de escape y un único destino: Europa.

Si antes para nosotros, europeos pueriles y triviales, era América el elegido como el lugar de las oportunidades, ahora Europa es destino deseado para millones de personas que huyen de los conflictos bélicos, tanto internos como internacionales; que es opción segura para aquellos que buscan alejarse de la guerra, de la hambruna, de la muerte y de la desesperación; somos nosotros, los que formamos Europa,  su única esperanza y alternativa segura para conseguir reconstruir una vida y alcanzar un futuro que, como seres humanos, les es tan digna como a todos.

Tantos años ha permanecido Europa ajena a los problemas que se cernían más allá de las fronteras que era impensable ver que las consecuencias conflictivas de los demás nos pudieran afectar. Miles de familias ha muerto ahogadas en el mar –para demostrarlo nos valemos de imágenes de cadáveres de pequeños vulnerables para llamar a eso que Stevenson denominaba como “The human side” o “el lado humano de la sociedad”-; centenares de niños quedan huérfanos, otros son vejados o maltratados, y muchos vagan solos en un mundo pusilánime que bien se ciega para no ver su mirada como les da una vacuna o una camiseta.

De sus vidas hacemos campañas con las que buscamos sensibilizar a la humanidad, llamar a las conciencias de esta que es nuestra sociedad; de sus historias creamos best sellers y películas tan taquilleras con las que puede llegar a recaudarse tanto y de lo que tan poco llega a sus principales autores y protagonistas… mientras que nos vanagloriamos de ser europeos y de defender la libertad de los individuos, lo que diga la Carta de la ONU y la Declaración Universal de Derechos Humanos –pero qué incrédulos-.

Ante este drama parece que aún más hoy que nunca han saltado las alarmas.

Corresponde a instituciones como la Comisión Europea poner fin a este desastre que en ningún aspecto nos es ajeno, porque tanto la hambruna africana como la guerra siria nos afectan; a ella y a los líderes europeos corresponde la tarea de ejercer funciones de coordinación, ejecución y gestión de políticas de la Unión así como el compromiso de promover acuerdos necesarios que logren la cooperación de los Estados miembros.

 

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