¡Don Pablo, mejor no levante la cabeza!

Noelia Fernández Paradela

“Por el cambio” decía el expresidente Felipe González para referirse al lema con el que ganaría las elecciones en 1982 pero he aquí esta postura olvidada por él que considera que la mejor solución es la resignación, la cual Susanita y compañía aceptaron, decidiendo así darle al ratón; en vez de anís, un Gobierno a su peor enemigo; ese con el que tiempo atrás decían que era descabellado intentar un pacto por España.

Un año ha tardado el convulso PSOE en dar respuesta a todo un país agobiado con recortes, harto de corrupción, sin un sueldo digno y en general un triste mar de lágrimas propio de una canción de Álex Úbago. Un año de dimes y diretes que han terminado por romper definitivamente al partido.

Un modelo político inentendible, en el que la clase obrera se aleja cada vez más de sus discursos y en general de la forma de gobernar o de intentar hacer algo por nuestro país. Les da igual pactar con una cabra o Ciudadanos y Unidos Podemos, tanto buscaban la coherencia y ese gobierno progresista que se olvidaron de las formas, de cómo estaban dirigiendo su discurso político y a quién, cada día un nuevo relato más incoherente que el anterior que no conduce a nada.

Todo comienza con la selección forzada de líderes políticos y unos programas apresurados para llegar a las elecciones, de ahí salen los Rubalcaba y Sánchez, que lejos de ofrecer una visión reforzada y unida del socialismo derrochan el nerviosismo, falta de confianza y credibilidad en sus palabras. Ahora sumándole el problema de las fuerzas emergentes y de la falta de acuerdo; queda patente la poderosa inestabilidad a la que se veía sometida este partido.

Tras la salida obligada de Sánchez, la incertidumbre crecía, un partido con opiniones divididas entre militantes y barones que terminaban por decidir en el Comité Federal que la solución para todo este circo mediático que han creado era echar a un lado el socialismo sacar pecho y decir: ¡Abstención, bienvenida seas!

En 1879, un gallego de fuertes convicciones quiso fundar un partido que defendiera la lucha obrera y los principios de los más desfavorecidos; hoy en 2016 el Partido Socialista está al borde del abismo pidiendo a gritos una reconstrucción que no permita que se siga dañando el poco socialismo que queda porque ¡Don Pablo, mejor que no levante la cabeza!

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