Por una abstención limpia pero conjunta

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El crítico Miquel Iceta junto al presidente de la gestora Javier Fernández en los momentos previos al último Cómite Federal. Fotografía instagram PSOE

Óscar Gutiérrez

La larga disputa entre las dos almas del PSOE entró en un punto de no retorno al verse superados por Podemos en las elecciones gallegas y vascas. Ambos bloques pasarían a tratar de derrotar al otro en un choque que sin intención de acuerdos alcanzaría tal dimensión que haría necesaria la entrada de una gestora.

Uno de los principales errores que se pueden alegar a la gestora actual es tratar de hacernos ver que estos últimos años no han existido y que no salimos de la época de Rubalcaba con por ejemplo la vuelta al foco mediático de la exportavoz de la época Soraya Rodríguez. El otro error principal es la venganza a la mordaza que les impuso Pedro Sánchez tratando de imponer la derrota a los vencidos lo cual puede acabar provocando un aumento de la tensión que acabe en una catástrofe casi imposible de solucionar.

El conflicto de poder provocado por esta crisis puede de llevarse al partido por delante si los dos sectores no dejan de separarse. La primera ocasión para unirse es el próximo fin de semana en la investidura de Mariano Rajoy. Tras la victoria de la abstención sin condiciones en el pasado Comité Federal ambos sectores vuelven a discutir, esta vez entre abstención total o mínima.

Ambos sectores deberían confluir en una idea común que supusiera una abstención en la que se incluyeran miembros de ambos bandos en una búsqueda de la primera confluencia de los intereses del partido en los últimos meses.

Los ahora críticos conseguirían que no se diera imagen de muleta del Partido Popular y algunos de ellos habrían conseguido salvar su no a Rajoy sin ser culpables de un bloqueo institucional mayor a cambio de tener que mancharse las manos en la abstención en lugar de dejársela al otro grupo y podrían defenderse de unas posibles críticas sobre que fueran los primeros en la historia que desobedecieran una sentencia del Comité Federal.

Los actuales oficialistas conseguirían neutralizar un efecto de salvapatrias posterior del sanchismo que se vería manchado por la abstención y darían una imagen de unanimidad a cambio de permitir que parte de su grupo parlamentario continuara con el no a Mariano Rajoy. Esta alternativa dejaría de ahondar en la herida y se encargaría de parar la hemorroide para después poder curarla.

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