Pilarica, segundo acto de una agitada obra teatral

Diego García/ Patricia Tabarés. Valladolid.

Periodistas y políticos durante el pleno

Actividad al inicio del pleno / Patricia Tabarés.

El teatro que es el salón de plenos del Ayuntamiento de Valladolid está prácticamente vacío. Los actores, principales o secundarios, aún no han llegado y apenas hay espectadores. Algunos de ellos, encaramados en el palco, se impacientan: “¡Que trabajen una vez al mes!”. Sus quejas son justificadas, pues la representación no comienza puntual. Cada actor ocupa su posición: PSOE, con Ciudadanos al lado; frente a ellos el PP; un extremo de la sala está ocupado por los grupos de Sí se Puede y Valladolid Toma la Palabra; y el otro, por la mesa presidencial, encabezada por el actor principal, Óscar Puente.

La representación comienza siguiendo el ritual acostumbrado: con menciones de premiados y condolencias, especialmente dirigidas a 45 mujeres que no volverán. Tras ello, ocurre algo inesperado: alguien quiere improvisar. El grupo popular pretende hablar de una moción que se acaba de presentar. Se trata de la adhesión al manifiesto de las Cortes, que aborda la cuestión catalana, aplazada hasta el próximo ensayo en diciembre.  El público vuelve a protestar. Una mujer se indigna sin dejar de jugar al Candy Crash. Varios políticos despistados se entretienen con sus móviles o, simplemente, fingen escuchar. Sin embargo, rápidamente se vuelve al guión original, pues el director Puente pone orden y desaconseja tratar el tema por falta de preparación, en especial, de los actores menos experimentados.

La obra se compone de muchos actos. El primero de ellos narra las vicisitudes a las que se enfrentan los vecinos de un modesto barrio de la ciudad con la llegada a sus vidas de una pasarela a medio construir que atraviesa las vías del tren. “Nunca una barrera había movilizado tanto a un barrio”, afirma Valladolid Toma la Palabra. Los habitantes de la Pilarica se refieren a la construcción con términos tales como andamio o montaña rusa. De todo menos obra arquitectónica. Cuestionan su falta de seguridad y piden que no se continúe con su edificación. Los diferentes actores que participaron con anterioridad en la representación no abordaron el asunto de manera satisfactoria para los ciudadanos, un asunto que sigue dando que hablar.

Juego en el pleno

Una mujer se entretiene durante el pleno/ Diego García.

La música suena de fondo durante la actuación, pero no pertenece a la orquesta oficial, sino al juego de la señora del palco que no tiene intención de bajar el volumen. Entre aburrida e indignada muestra su desacuerdo con la función que se desarrolla ante ella a vista de pájaro. “Esto lleva así más de un año y es culpa suya. Y sabían que iba a pasar”. Mientras tanto, en su móvil la puntuación no deja de aumentar. ¡Es toda una profesional!

Héroes y villanos se dan la mano, siguen la misma línea. Todos al lado de los vecinos. El enemigo se camufla. El concejal de urbanismo, Manuel Saravia, llama a la calma mediante sus promesas de reunirse con el secretario general de infraestructuras del Ministerio de Fomento. Desmontar la instalación de tal mamotreto es el punto principal de las peticiones socialistas en esta reunión. Tras una lista de puntos encaminados en la petición de proyectos de ejecución y expedientes, el socialista apela a la unidad. “El hecho de que vayamos con un acuerdo todos los grupos refuerza nuestra posición”. Todos a una. Aunque, lejos de ser una obra de Fuenteovejuna, algunos actores se empiezan a desvincular del papel común.

Coherencia, recuerdos de épocas anteriores… el autor de la grotesca estructura rememora épocas pasadas para justificar su creación. Resultado negativo, sin embargo “otros fueron los que pusieron las obras en entredicho, los que dijeron que eran incompatibles con el soterramiento y ahora exigen que se hagan esas mismas obras”, decía Jesús Enríquez, que se ampara en la impertérrita postura popular para defender sus actuaciones. Popular no era, en cambio, el clamor del gentío. Mascullando y murmurando, la adicta al caramelo digital encuentra un nuevo bellaco al que vapulear con azotes de sorna y tos oportuna.

Pleno de Valladolid del 10 de noviembre.

Mesa presidencial del pleno del Ayuntamiento de Valladolid, dirigida por Óscar Puente/ Diego García.

El grupo escudado en la gaviota continúa su actuación, un ejercicio de memoria. La música cesa, solo se oye una voz, que lanza críticas hacia la compañía de la rosa. No en vano, como recalca el portavoz popular, no fue el PP el que dijo a los vecinos “que se vayan tranquilos a casa porque el paso a nivel no se va a cerrar”. Tampoco fue el que autorizó la licencia de obra para contradecirse después. Sus palabras contienen un claro ataque con el que el público asistente no comulga. “¡Qué cínico! ¡Qué valor!”, exclamaciones dirigidas hacia el ‘impopular’.

Puente, hasta entonces mero director de la función, salta al escenario e interpreta un sencillo cameo. Invitaba a su rival a dejar de lado el papel de antagonista principal y a no emplear sus armas, palabras cargadas de reproches, contra los buenos de la obra teatral. Mas en este caso, no había ni bien ni mal, solo posturas enfrentadas sin visos de hallar solución alguna a sus diferencias. Aclarada la visión del socialista, la sesión se relanza y la obra puede continuar. Cada grupo mantiene su posición y recita su mismo poema; aunque con diferentes palabras. Se baja así el telón, concluye el segundo acto de una larga representación de una sesión de varias horas de duración.

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