Iglesias y Rivera, más que una charla informal

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Pablo Iglesias y Albert Rivera protagonizaron en Salvados un debate que pasará a la posteridad. Los dos líderes de los partidos emergentes, cara a cara, con un objetivo: erigirse como la principal alternativa a las agrupaciones políticas tradicionales. Pero, no en un enfrentamiento frío y escenificado en un plató, como los vistos en el pasado. Todo sucedió en una modesta cafetería del barrio de Nou Barris, Barcelona.

Lejos de las polémicas del 93 entre Aznar y González, ninguno peleó por su posición ante las cámaras. Y eso que estar sentado a uno u otro lado, significaba tener la luz iluminando su rostro, o por el contrario, dejarles unos rasgos más sombríos. Sin disputas, Rivera se colocó en el sitio preferente -quién sabe si apreciando la peculiar situación-. Tampoco hubo barullo por los turnos de palabra, al menos nada parecido al ya citado cara a cara del 93. Es cierto que Rivera interrumpió más a Iglesias que viceversa, pero el propio Jordi Évole asegura que en ningún momento perdieron el control.

GRAFICA AUDENCIAS DEBATE

Lo cierto es que el formato ideado por los guionistas de Salvados fue un éxito. El programa no solo escenificó el cambio en la nueva generación de políticos, sino que representó un soplo de aire fresco en la comunicación política televisiva. Y la mejor manera de medir el acierto de este debate, son sus cifras de audiencia. Más de cinco millones de españoles siguieron la emisión, con picos de audiencia que cerca estuvieron de llegar a los seis. El 25,2% de los espectadores prefirió La Sexta a TVE y “La gran boda” (12,7%), A3 y Robocop (12%) o Telecinco y el Debate de Gran Hermano (16,2%). Pero, analicemos lo visto en esa mesa del Bar Tío Cuco.

La lucha contra el paro

El principal problema de España dio comienzo a un enfrentamiento de 60 minutos en el que también faltaron algunos temas. Nada se dijo de educación, sanidad, medio ambiente, la Unión Europea, la violencia de género o el aborto. A la hora de abordarlo, hubo una clara victoria en cuanto a convicción por parte del líder de Ciudadanos, frente a un Pablo Iglesias dubitativo y que no se mojó demasiado. Por su parte, Albert Rivera planteó el contrato único como principal solución para acabar con el paro, mientras Iglesias dejó entrever que Podemos continúa dándole vueltas a su programa electoral y defendió una subida del Salario Mínimo Interprofesional y de las rentas de inserción.

Nacionalización de empresas

El debate sirvió también para recuperar una de las primeras medidas propuestas al nacimiento de Podemos: las nacionalizaciones de empresas de sectores estratégicos. Así, Iglesias aseguró que un gobierno presidido por él no permitiría que las compañías energéticas cobraran precios inaccesibles por la luz o que pactaran el precio de venta del combustible. Una medida que generó el absoluto rechazo de Rivera. El líder de Ciudadanos afirmó con rotundidad que supondría la vuelta al “franquismo económico” y planteó un sistema regulador fuerte que controle la labor de dichas empresas.

Financiación de los partidos

Materia en la que Rivera e Iglesias llegaban con discursos muy dispares. El de Ciudadanos sacó pecho por las -según él- cuadradas cuentas del partido. Dijo no tener deudas con los bancos, a diferencia de PP o PSOE. Es más, acusó a ambos de ser esclavos de entidades que les han perdonado millones. Iglesias coincidió solo con esta última afirmación, ya que su espíritu económico no contempla siquiera pedir créditos. Para él la financiación debe basarse en la aportación de los partidarios, sin intereses a cambio.

Cataluña

No podía faltar en un cara a cara de tal calibre, el problema del independentismo de Cataluña. Si algo tienen claro ambos líderes es que no quieren que la región abandone España. Sin embargo, en caso de alcanzar la jefatura de gobierno actuarían de formas diferentes. Iglesias se mostró partidario de “permitir y promocionar” un referéndum y afirmó creer que Cataluña votaría ser “una nación dentro de España”. Rivera, por el contrario, no llevaría a cabo el referéndum.

Batería final de preguntas

Para acabar, Jordi Évole tenía preparada una batería de preguntas cortas. Resultó uno de los momentos más intensos y cómicos de la emisión. Las cabezas visibles de Podemos y Ciudadanos coincidieron en temas dispares como las subvenciones a colegios concertados o la imposición del IBI a la Iglesia. La más destacada planteaba si alguna vez habían cobrado en negro. “Es imposible no pagar algo en España en negro”, respondió el líder de Podemos. Albert Rivera no fue tan rotundo, y aunque dijo no recordar ningún caso concreto, sí reconoció haberlo hecho. Tanta coincidencia en las respuesta llevó a Iglesias a bromear con la idea de presentarse juntos.

En definitiva, el debate estableció un nuevo estándar comunicativo en el que Albert Rivera supo defenderse -en general- mejor. Pablo Iglesias se movió por una senda más teórica y de las ideas, mientras que el candidato de Ciudadanos se inclinó por una mayor practicidad. Si bien es cierto, que Iglesias supo mojarse más en momentos puntuales, en los cuales Rivera fue más precavido. El ejemplo más claro lo vimos en la cuestión Otegi, cuando el líder de Podemos se colocó como partidario de su liberación. Ahora la expectación se centra en cómo afectará todo lo visto en las próximas elecciones del 2oD. ¿Se atreverán Sánchez y Rajoy con el debate a cuatro?

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