La odisea de los maestros españoles

Nunca he opositado, ni me lo planteo remotamente, y eso a pesar de lo difícil que está trabajar como periodista en España a día de hoy. Probablemente, el hecho de que mi hermana esté preparando oposiciones de educación desde hace varios años tenga mucho que ver. Siempre había oído que en las pruebas para ser funcionario del Estado seguía funcionando el enchufe, pero las prácticas dudosas que he conocido a través de esta experiencia cercana han acrecentado mi reticencia a pagar por realizar exámenes amañados.

Para empezar, las oposiciones no buscan la excelencia, sino que las personas que lleven años opositando y figuren en la lista de interinos siempre van a tener más posibilidades de obtener plaza. Por el tema de puntos por años de trabajo, un recién salido de la carrera tiene imposible sacarse la plaza el primer año, por más que tenga exámenes de diez. Por otro lado, las conversaciones de ciertos alumnos con algún miembro del tribunal de oposición tras hacer su examen son un misterio. Y no se trata precisamente de los últimos en abandonar el aula, sino de aquellos que han tardado veinte minutos en terminar el cuestionario. Esto sucedía en una oposición en Galicia, hace cosa de tres años. Curiosamente, el alumno/a en cuestión obtuvo plaza ese año.

A mayores, en el caso de los maestros, estos carecen de un temario para preparar los exámenes. Por lo tanto, desconocen los contenidos que tienen que estudiar, así como los criterios de corrección de los mismos. Esto hace que se enfrenten a la lotería de que lo que desarrollen respecto al tema que les pregunten en el examen sea válido para el profesor que les corrija. Un ejemplo más de lo peculiar de las oposiciones españolas y las lagunas que existen en cuanto al método de adjudicación de plazas, que ya ha hecho que varios opositores recojan firmas en plataformas como change.org para cambiar la situación. Que luego se lo pasen por el forro, es otra cosa. Casualmente, también conozco el caso de una maestra cuyos dos hijos, que hicieron oposiciones de educación, obtuvieron plaza el segundo año de haberse presentado. Y porque el primero era literalmente imposible, pero tampoco es que este tipo de actuaciones irregulares se maquillen demasiado.

Por último, respecto a las oposiciones de la Comunidad de Madrid, los maestros españoles que se presentan en la capital viven a diario el drama de desconocer las fechas de exámenes hasta unos días antes de que tengan lugar. A esto le sumas que las adjudicaciones finales de destinos de trabajo a los interinos se dan hasta un día antes de que tengan que incorporarse a su puesto, y ya pueden dejar de tener vida, que igual al día siguiente se les ocurre sacar las listas. Después de exponer los motivos por los que las oposiciones de magisterio están amañadas – así como, seguramente, otras muchas – hago un llamamiento a los señores del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte a que mejoren las condiciones de las mencionadísimas pruebas a funcionariados del Estado, o, por lo menos, empiecen a disimular un poquito ciertos chanchullos.

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