La Navidad más troyana de Mariano

Cuando la guerra de Troya parecía completamente perdida, el ejército griego decidió introducir a varios de sus soldados en el conocidísimo caballo de madera. Los troyanos, que veían la victoria más que cercana, vieron en ese enorme corcel el síntoma más evidente de la derrota griega. Claro está, que nadie se podía imaginar que al llegar la noche ese regalo de guerra sería el protagonista de su peor pesadilla. El contrincante supo usar su última baza, el último cartucho, un as oculto bajo la manga y descubierto “in extremis” para poder revertir la situación. 

Varios años después de la famosa batalla, concretamente hace poco más de una semana, nuestro presidente del Gobierno era el encargado de anunciar el empleo de su última bala en el intento por aferrarse al mandato: las elecciones serán el 20 de diciembre. Eso significa que los españoles más democráticos, porque muchos otros verán en esa fecha el aliado perfecto para justificar su abstención, acudirán a las urnas solo cuatro días antes de tomar el turrón. Con todo lo que ello implica.

A pesar de que la aprobación definitiva de los Presupuestos Generales, prevista para la semana del próximo 19 de octubre, ha sido utilizada por el Ejecutivo como excusa idónea para apurar la legislatura, no hay que discurrir demasiado para percatarse de las verdaderas intenciones ocultas tras esta decisión. La efervescencia política existente en la España del momento parecía augurar una buena participación en los próximos comicios, previsión que parece haber perdido fuerza con el anuncio de la fecha final.  El próximo presidente será escogido con un buen número de españoles de vacaciones; ya que, como es lógico, no están dispuestos a que sus planes navideños se vean truncados por unas simples elecciones. No obstante, habrá que permanecer atentos al voto por correo.

La proximidad de las fiestas, que suelen ser motivo de reencuentro y alegría, podría hacer que el sentimiento de asqueo y resignación, provocado por las decisiones menos populares del último Gobierno popular, quede parcialmente diluido entre villancicos y polvorones.

Con todos estos ingredientes y teniendo en cuenta la premisa básica de que la baja participación no suele estar ligada al cambio político, no sería descabellado decir que esta última decisión podría convertirse en el caballo de madera que evite la debacle del PP. Poco es el parecido existente entre Aquiles y Rajoy, entre el carismático líder griego y el “cabecilla” inerte de los populares. El heleno parece superar en todo al gallego; o quizás no. Puede que Mariano tenga algún talón más.

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