Diego Carcedo: “El periodismo de guerra no es superior al resto, está muy mitificado”

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La clausura del Congreso “Testimonios del desastre: periodistas y escritores en el campo de batalla”, enmarcado dentro de las Primeras Jornadas Internacionales sobre la crónica de guerra, recogió una mesa redonda con tres de los principales periodistas de guerra de nuestro país: Diego Carcedo, Alfonso Armada y Alfonso Domingo.

Comenzó la ponencia Alfonso Armada con un fragmento de uno de sus diarios, escrito durante la guerra de Sarajevo, a comienzos de los años 90. Para este periodista y escritor gallego, la cobertura de conflictos bélicos no fue vocacional. “Todo se debió a que me lo ofrecieron en un momento dado y me levantó muchas curiosidades, principalmente sí sería capaz de resistir el miedo”, explicó en su intervención. Para Armada, lo más importante en este tipo de situaciones “es hacer al lector partícipe de lo que tú cuentas. Debes conseguir que camine junto a ti, hacer que él sienta lo que tú sientes”. La fórmula para combatir el miedo la encontró en la propia narración de los hechos, si bien considera que es muy importante a la hora de informar la búsqueda de la objetividad. “Hay que contar lo que ves al margen de lo que piensas de lo que ves”, sintetizó.

El segundo en intervenir fue Alfonso Domingo, quien cubrió guerras como la del Líbano para prensa y televisión. A su modo de ver, el periodismo de guerra supone, en el fondo, la aceptación de la muerte. “Nadie te prepara para el momento en el que te enfrentas a la muerte – aseguró – y sorprende cómo la gente tiende a refugiarse en los peores momentos en los amuletos más absurdos. Domingo aseguró que, en su caso, la cobertura de guerras fue algo que hizo voluntariamente, puesto que quería estar en el ojo del huracán. “Lo principal en estas situaciones es que aprendes a valorar y a relativizar esta sociedad tan mundana y artificial”, aseguró, al tiempo que indicó que resulta “muy difícil volver a casa después de una guerra”.

Y nadie mejor que Diego Carcedo para culminar esta suma de testimonios periodísticos. El motivo de sus inicios en la cobertura de guerras es, cuanto menos, curioso. “Yo nunca tuve vocación de reportero de guerra, todo ocurrió a raíz de un reportaje que escribí sobre las nefastas condiciones de vida de los jubilados de Renfe para el periódico ‘La nueva España’. Al día siguiente, el ministro de Información, Fraga Iribarne, comunicó al director del medio que no quería que volviese a publicar en un medio español, así que comencé a trabajar en el extranjero, siendo tachado en muchas ocasiones de comunista”. Con su marcha a TVE en 1974, Carcedo comenzó a viajar por todo el mundo, al tiempo que trabajaba para el programa ‘Los reporteros’. “Cubrí conflictos en Irlanda del Norte, Próximo Oriente, América Latina, África…” relató, tras destacar su periodo en Vietnam, “especialmente en abril de 1985, una etapa muy dramática”.

En la ronda de preguntas se dio importancia al papel de la mujer en el periodismo de guerra

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De todas sus experiencias, a Carcedo lo que más le marcó fue el hecho de comprobar cómo en las regiones en las que la guerra se sucede durante meses y años, la gente aprende a convivir con ella. “Ves cómo la población, incluso los animales, se mueven con cierta normalidad aunque a unos metros estén sonando disparos o explosiones. Pese a todo esto, el periodista asturiano quiso desmitificar el periodismo de guerras, al considerar que no se trata de una labor superior a la de cualquier otro tipo de redactor. “Por supuesto que hay peligro y tensión, pero no se trata de un mejor periodismo ni de una labor especial. Al final, todo debe responder a los mismos patrones.

En lo que sí estuvieron de acuerdo los tres conferenciantes fue en el mal gusto que queda en el periodista al volver de un país en guerra. “No eres uno más –aseguró Domingo – ya que tú cuentas con una serie de comodidades que la gente no tiene”. En mi caso – añadió Carcedo – solía plantearme qué había hecho esa gente para merecer lo que estaban viviendo, ya que cuando pasaban unos días, yo podía irme de allí y ellos no.

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